Turismo en Edimburgo: ¿Cuál es la historia del perrito Bobby?

Uno de los lugares más visitados de Edimburgo, en Escocia, es una pequeña estatua de bronce dedicada a Bobby, un perrito callejero; en Unotv.com te diremos cuál es la historia de este perrito y por qué se le considera un ejemplo de fidelidad.

A diario miles de visitantes se toman fotos en esta estatua de bronce, y otros tantos acuden a su tumba en el cementerio Greyfriars, fascinados por una historia que se repite en los recorridos turísticos, pero que igual puede leerse en las guías de la ciudad.

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¿Cuál es la historia del perrito Bobby?

Bobby, un perrito de raza Skye Terrier, era un ejemplar callejero que se convirtió en el mejor amigo del policía nocturno John Gray, lo acompañó durante dos años en sus recorridos nocturnos por la ciudad hasta que el guardia murió.

Al policía se le enterró en el cementerio Greyfriars, y durante los años siguientes, 14 dice la historia, el perrito Bobby permaneció en la tumba de su amigo. Sólo se movía de su lugar para comer o realizar el patrullaje que hacía con su dueño.

Este gesto de fidelidad fue premiado por los pobladores de Edimburgo quienes lo protegían, le llevaban alimento y le hicieron un refugio.

Por esos años, las autoridades de Edimburgo pidieron registrar a los perros, en un intento por reducir el número de canes callejeros; el alcalde de la ciudad registró al perrito Bobby para que no lo sacrificaran.

Sin embargo, también al perrito Bobby le llegó su hora y murió. Algunos pobladores decidieron enterrarlo junto a su dueño, sólo que, de acuerdo con la leyenda, no podían enterrarlo en terreno sagrado por lo que se le sepultó afuera del cementerio, pero muy cerca de la tumba de su dueño John Gray. Años después, por iniciativa de una benefactora, se levantó una estatua al perrito Bobby por su ejemplo de constancia y fidelidad.

¿Cómo llegar al monumento?

El monumento que visitan anualmente miles de turistas y locales, se localiza en el extremo sur del puente George IV, entre Chambers Street y Candlemaker Row.

La estatua de bronce, sin embargo, a partir de la primera década de 2000, los turistas empezaron a tocar la nariz de la estatua, que ahora tiene esa parte más brillante.

Algunos aseguran que si se toca a Bobby le traerá buena suerte; en tanto que los habitantes reniegan de esa práctica y piden respeto hacia el monumento.

Muy cerca de la estatua del perrito Bobby se puede visitar la tumba en el mismísimo cementerio de Greyfriars donde algunos turistas empezaron a dejarle palos y otros juguetes porque, según la historia local, en las noches se le ha visto a Bobby pasear por ese lugar.

También en el museo de Edimburgo se pueden localizar más tributos al perrito Bobby, como su plato donde comía y el collar que trae grabado “Greyfriars Bobby de Lord Provost 1867 con licencia”, a unos pasos también existe un pub dedicado a este perro ejemplar.

Así que ya lo sabes, si por alguna razón visitas Edimburgo, no olvides acudir a ver a Bobby, ejemplo fiel de que la amistad dura más allá de la muerte.

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