La fiebre por 31 Minutos conquista el mundo, el fenómeno chileno que juntó más de 230 mil personas en la CDMX

| 10:15 | Alfredo Narváez | Uno TV
"Estamos al aire, Tulio": ¿de dónde viene la fiebre por 31 Minutos?
¿De dónde viene la fiebre por 31 Minutos? | Fotos: AFP – Cuartoscuro

“Yo nunca vi televisión porque era fome, yo prefería estudiar y hasta leer”, comienza el tema principal de 31 Minutos, un programa infantil chileno que comenzó a transmitirse en México durante el año 2005 a través de una cadena de televisión pública del país.

A pesar de que Tulio Triviño, Juan Carlos Bodoque y compañía llegaron a los televidentes mexicanos hace más de 20 años, los creadores Álvaro Díaz y Pedro Peirano nunca se detuvieron. En 2025 llegaron a los ojos del mundo con su sesión de Tiny Desk y este 30 de abril lograron reunir a casi 230 mil personas en el Zócalo de la Ciudad de México.

¿Qué es 31 minutos, esos títeres que le gustan a la “chaviza”?

30 de abril de 2025, 17:00 horas, Ciudad de México. Un periodista de 27 años se dirige a un evento especial cuando el taxiste le pregunta: “Oiga, joven, ¿ya vio que van a estar unos títeres en el Zócalo? Se ve que va a estar lleno de puro chamaco”.

La respuesta del periodista, que decidió dedicarse a las noticias por culpa de un conejo rojo, responde democráticamente. “Pues yo supongo que va a estar lleno de niños treintones como yo“, a lo que se el conductor contesta con una risa.

El taxista no lo sabe, pero cayó en la trampa. 31 Minutos es el único show infantil de Latinoamérica que no está dirigido exclusivamente a los niños del mundo moderno, sino a los niños que, después de un tiempo, engoradaron y se pusieron feos.

El 15 de marzo de 2003 se transmitió el primer capítulo del show en Chile, es decir, hace 23 años. Esto, a su vez, significa que los primeros fans del programa no son de la generación TikTok, sino de la generación que gritaba a su vecina: “Por favor, devuélvame el balón”.

Eso no significa que los niños, amantes también de Skibidi Toilet, no se hayan enamorado de 31 Minutos. El programa tuvo su temporada final en 2014, pero los artistas detrás de las marionetas se dedicaron a hacer shows en vivo con sus creaciones.

La fiebre de 31 Minutos no nació de la noche a la mañana

El concierto de 31 Minutos en el Zócalo de la Ciudad de México solo es la punta del iceberg de una fiebre que parecería ser nueva, pero no lo es tanto.

Directamente desde Titirilquen, el show musical llegó en 2020 al Vive Latino para presentarse los dos días del festival. El mismo periodista del taxi fue el sábado a ver el show de “Yo nunca vi televisión“. “Seguro va a estar vacío”, pensó.

La sorpresa se apoderó del periodista, que apenas estudiaba la carrera, cuando apenas pudo ver el escenario a kilómetros de distancia. Los fans no eran solo de Titirilquen, venían de todos lados, y abarrotaron el escenario secundario.

“Pues mañana me lanzo más temprano, no creo que esté así de lleno mañana”, dijo el aspirante a reportero. No podía estar más equivocado. Segundo día en el Autódromo Hermanos Rodríguez, escenario lleno, otra vez.

Seis años pasaron para que se presentaran gratis en el Zócalo de la CDMX, pero en ese lapso, 31 Minutos se presentó en escenarios como el Auditorio Nacional y el Teatro Metropolitan con múltiples fechas en sold out.

¿Cómo explicar el amor por un montón de títeres?

31 Minutos es un programa difícil de explicar. Tulio Triviño es el conductor de un noticiario en el que reporteros como Juan Carlos Bodoque exploran las distintas realidades de Chile.

Suena solemne, pero Tulio Triviño y Juan Carlos Bodoque son títeres. 31 Minutos no era un espacio informativo tradicional, era un programa infantil que mezclaba humor con personajes humorísticos como el Maguito.

En un momento, el conejo reportero hacía un reportaje sobre los perros de la calle y al otro momento, el mismo conejo era el alma de la fiesta gracias a su guitarra. Sin él, nadie bailaba ni se divertía en las fiestas.

“¿Cómo le hace, tío Juan Carlos, para que todos bailen?”, preguntaba Patana Tufillo. “Si no se divierten, los golpeo con mi guitarra”, respondía el conejo rojo de la playera a rayas.

Resulta difícil creer que, a pesar de este concepto, lo más popular de 31 Minutos no fue ni los reportajes ni los chistes, fue la música. Los creadores de este concepto no solo son guionistas y productores, también son músicos.

Cuando el show de televisión se acabó, la música permaneció. De la tele se mudaron a los escenarios de teatro, llegando a los nuevos niños, encargados de heredar el televisor, solo que en un mundo nuevo y fácil. Uno diferente.

La música de 31 Minutos, el secreto de su boom en todo el mundo

Policarpo Avendaño tenía una de las secciones más populares de 31 minutos, el Ranking Top, en donde el reportero presentaba las canciones más populares del momento. De esta sección salieron temas como:

  • “Bailan Sin Cesar”
  • “Objeción Denegada”
  • “Mi Equilibrio Espiritual”
  • “Dinosaurio Anacleto”
  • “Mi muñeca me habló”
  • “Señora Interesante”
  • “Mi mamá me lo teje todo”
  • “Arwrarwrirwrarwro”

Las canciones cubrían situaciones infantiles que resonaron en aquellos que les quitaron las rueditas a su bicicleta, lo mejor que les pudo pasar, por cierto.

Los temas calaron en quienes deseaban expresarse y ser libres con su cuerpo pero se encontraban con la mala onda de aquellos que no entendían que bailar es saludable.

31 Minutos encontró colarse en el subconsciente musical de quienes recibieron un mal corte de pelo, de los niños a quienes su mamá se lo tejía todo y de aquellos que se preguntaban por qué vuelan los aviones o por qué en el cielo hay constelaciones.

En las escuelas de México se escuchaba a uno que otro fome cantar “Yo opipipipipi” o “Yo nononono“, o incluso, había quienes le cantaban a la parejita del 5° B: “Son pololos, son pololos“, sin siquiera saber lo que era un pololo o polola.

Tiny Desk, el punto definitivo para los oriundos de Titirilquen

El 6 de octubre de 2025, 31 Minutos escaló un peldaño más en su éxito cuando se publicó su sesión de Tiny Desk. Un episodio de poco más de 20 minutos que puso a los chilenos en la mira de los estadounidenses.

No sé ni qué están diciendo, pero me encanta“, escribieron los usuarios en la caja de comentarios de YouTube. Al momento, la sesión cuenta con 16 millones de visualizaciones.

En aquella ocasión, los músicos se camuflaron con el entorno para dar protagonismo a las marionetas. Pero lo que más llamó la atención, además de las canciones, fue la sátira.

En un momento de la sesión apareció un cocodrilo con gorra y lentes. “Oh, no te preocupes, Tulio, es un señor muy amable que quiere encargarse de que volvamos a casa sanos y salvos”, dijo Juan Carlos Bodoque, haciendo alusión al ICE.

“Somos 31 minutos, que es el tiempo exacto en el que vencen nuestras visas”, comenzó el conductor con el show, referenciando las potentes medidas migratorias de Estados Unidos en ese momento.

Además de poner al show en los reflectores globales, Tiny Desk ayudó a mostrar la calidad de los shows que el equipo ha hecho por casi una década. “Es como Plaza Sésamo“, comentaron algunos internautas.

Yo opino que opinar es necesario

Así como el autor del presente texto, una generación completa de periodistas y músicos conocieron su pasión por primera vez en 31 Minutos. Es por eso que el escritor de esta nota quiere opinar, porque tiene inteligencia. Por eso siempre opina.

  • Para prueba de esta opinión, un grupo llamado Planetario lanzó en 2017 la canción “Mapas“, un tema aparentemente normal que tiene una referencia a “Señora Interesante“.

Ese periodista se llama Alfredo Narváez y, cuando nunca le llegó su credencial de Bizbirije, resguardó su amor por el periodismo en 31 Minutos. ¿El momento que le marcó? Cuando un conejo denunció la tala de árboles en Chile.

“Si un conejo puede hacer esto, ¿por qué yo no?”, pensaba ese periodista. Y a partir de ahí, comenzó a entender que el periodismo tiene la capacidad de cambiarlo todo, incluso cuando en pantalla aparece el mundo más cotidiano.

Si ese periodista pudiera explicar por qué 31 Minutos es tan exitoso, él diría:

“Porque no trataba a los niños como tontos ni a los adultos como genios. Porque no se basaba en chistes de golpes o pedos, porque era suficientemente inteligente para reírse y reflexionar”.

Alfredo Narváez

Cuando ese periodista tenía 10 años y veía 31 Minutos, no se imaginaba que algún día podría llegar a escuchar a un floor manager dando indicaciones como “Estamos al aire, Tulio”.

Mucho menos se imaginaba que el periodismo no era un programa infantil, pero que a veces sí llega alguien que quiere hacer un cambio de imagen, que a veces si se va la luz, que a veces sí se hacen recortes de presupuesto.

Y descubrió que a los canales de televisión sí les encanta traer magos para que hagan trucos de magia frente a los niños que van al set un miércoles por la tarde después de la tarde.

Para ese periodista, 31 Minutos no solo significó un orientador vocacional, sino un mundo muy completo que estaba en su imaginación. Ahora es feliz y cree en el amor.

Nos vemos mañana a la misma hora por el mismo canal y recuerden que todos los niños del mundo tienen derecho a conocer 31 Minutos, aunque no sea de su generación.

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