Él es Todd Blanche, el abogado de Trump que ahora dirige la justicia de Estados Unidos

La salida de Pam Bondi como Fiscal General de Estados Unidos colocó en el centro del poder judicial a un hombre que hasta hace poco era conocido principalmente como su abogado defensor: Todd Blanche.
Tras el despido de Bondi, Trump anunció que Blanche asumiría como fiscal general interino, en un momento marcado por tensiones políticas, críticas al Departamento de Justicia y presiones para actuar contra adversarios políticos del presidente.
El movimiento no fue casual, ya que Blanche llevaba tiempo convirtiéndose en una de las figuras más influyentes dentro del sistema judicial estadounidense.
Un abogado formado dentro del propio sistema
Antes de defender a Trump en tribunales, Blanche había pasado más de 15 años dentro del Departamento de Justicia. Su carrera comenzó en puestos técnicos, como contratista, asistente legal en la División Criminal y posteriormente en la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York, una de las oficinas más importantes del país.
Ahí se convirtió en fiscal federal y más tarde en supervisor. Esa etapa marcó su perfil profesional con un conocimiento profundo del sistema, experiencia en investigaciones federales y una red de contactos dentro del aparato judicial. Por lo que para muchos era un abogado del sistema.
Después dejó el gobierno y pasó al sector privado, donde trabajó en despachos como WilmerHale y Cadwalader, antes de fundar su propia firma. Ese cambio lo llevó al otro lado de los tribunales y dejó de acusar para empezar a defender.
El abogado al que Trump llamó cuando comenzaron los juicios
El nombre de Todd Blanche comenzó a aparecer en la prensa cuando se convirtió en uno de los principales abogados de Donald Trump durante los procesos penales que enfrentó entre 2023 y 2024. Blanche defendió al presidente en tres de los cuatro casos criminales en su contra.
Perdió el juicio en Manhattan relacionado con la falsificación de registros comerciales, pero obtuvo resultados favorables en otros procesos, incluidos los casos impulsados por el fiscal especial Jack Smith, que finalmente fueron desestimados tras la reelección de Trump.
En los tribunales, Blanche adoptó un estilo agresivo que se conformaba de confrontar a fiscales, impugnar pruebas, solicitar aplazamientos y desgastar los procesos judiciales. Esa estrategia coincidía con la forma en que Trump enfrentaba sus problemas legales. La relación abogado-cliente terminó convirtiéndose en una relación de confianza política.
El poder dentro del Departamento de Justicia
Cuando Trump regresó a la Casa Blanca, nombró a Blanche Fiscal General Adjunto, el segundo cargo más importante del Departamento de Justicia. Desde esa posición supervisa el trabajo de más de 115 mil empleados y agencias como el FBI, la DEA, los U.S. Marshals y la ATF, además de las 93 fiscalías federales del país.
Con el tiempo, su oficina se convirtió en el verdadero centro de decisiones del Departamento. Funcionarios cercanos a él comenzaron a ocupar puestos clave, coordinar investigaciones y definir prioridades de persecución penal en todo el país.
Durante su gestión también supervisó cambios internos y la salida de agentes y fiscales que habían participado en investigaciones contra Trump, lo que generó críticas sobre la politización del Departamento de Justicia.
Entre la lealtad política y la formación como fiscal
La figura de Todd Blanche divide opiniones dentro del sistema judicial estadounidense. Para algunos jueces y fiscales, su paso por el Departamento de Justicia ha debilitado la tradición de independencia frente a la Casa Blanca. Para sus aliados, en cambio, está corrigiendo abusos del sistema judicial contra Trump.
Quienes trabajaron con él en Nueva York señalan que, en algunos casos, ha frenado investigaciones que no tenían pruebas suficientes, mostrando todavía la formación de fiscal federal con la que se formó en el Distrito Sur de Nueva York.
Con poco más de 50 años, Todd Blanche ocupa uno de los puestos más poderosos del gobierno estadounidense. Está casado desde hace casi 30 años, tiene dos hijos y un nieto, y ha mantenido su vida personal lejos del foco público.
Pero en Washington su influencia es evidente. Más que en otras administraciones, muchas decisiones del Departamento de Justicia pasan por su oficina. Su cercanía con Donald Trump, construida en los tribunales, explica buena parte de ese poder.
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