Entre aciertos y críticas: así fue la gestión de Citlalli Hernández en la Secretaría de las Mujeres

| 18:22 | José Pablo Espíndola | Uno TV
Renuncia titular de Mujeres; deja avances en programas y críticas por resultados y operación institucional.
Foto: Cuartoscuro

Cuando Citlalli Hernández asumió la titularidad de la Secretaría de las Mujeres, el encargo implicaba algo más que administrar una dependencia, ya que había que darle forma, sentido y alcance a una institución que no tenía antecedentes directos. Sustituir al Instituto Nacional de las Mujeres significaba ampliar el campo de acción, pero también cargar con expectativas acumuladas durante décadas.

La propia funcionaria describió ese primer tramo sin adornos: “Diría que es el inicio. Se sentaron las bases de una institución nueva y de las primeras grandes acciones que la presidenta nos encargó”, le dijo a la prensa nacional.

Ese “inicio” se tradujo en una estrategia que combinó presencia territorial, coordinación con gobiernos estatales y una apuesta por políticas que buscaran trascender el sexenio. En su lectura, la prioridad ha sido que las acciones “lleguen mucho más directo y más abajo a las mujeres de a pie”.

Su gestión, que terminó hoy con su renuncia, estuvo marcada por un presupuesto limitado desde su arranque, falta de claridad en estrategias operativas, críticas por viajes y agenda pública y cuestionamientos desde el feminismo por su enfoque.

Mientras que en lo destacable está la distribución masiva de cartillas de derechos (25 millones, según gobierno) y la implementación de centros y redes de atención para las mujeres.

El intento de aterrizar la política pública

Desde el Gobierno federal, Hernández siempre recibió cumplidos públicos por parte de presidencia. Se habló de millones de cartillas distribuidas, cientos de centros abiertos y miles de atenciones brindadas; sin embargo, el sentido de esas cifras se entiende mejor en el territorio.

Uno de sus trabajos más visibles fueron los Centros LIBRE, que operan como espacios donde lo institucional se vuelve cotidiano, porque mujeres que buscan asesoría legal, otras que llegan por apoyo psicológico y algunas más que intentan recuperar ingresos a través de talleres.

Hernández ha insistido en que estos espacios condensan el enfoque de la Secretaría: “Son la primera política pública destinada a las mujeres con la colaboración de los tres niveles de gobierno”, afirmó.

El diseño busca articular atención inmediata con procesos de autonomía económica, aunque su alcance todavía depende de factores como la cobertura territorial y la capacidad de operación local.

La violencia, una constante que desborda cualquier estrategia

El tema que atravesó toda su gestión fue la violencia de género. Las cifras nacionales siguen siendo alarmantes, siete de cada 10 mujeres han experimentado algún tipo de violencia y, en promedio, 10 son asesinadas cada día, de acuerdo con datos de colectivos feministas.

En ese contexto, la Secretaría impulsó un plan que combina medidas legales, campañas públicas y capacitación institucional. El detonante inmediato fue el episodio de acoso contra la presidenta Claudia Sheinbaum, que colocó el tema en el centro de la conversación pública.

Hernández utilizó ese momento para enviar un mensaje directo: “Queremos decirles a todas las mujeres que no están solas. Hoy hay una presidenta que las protege”.

El alcance de estas medidas, sin embargo, fue cuestionado por organizaciones feministas, que advertían que el énfasis en endurecer sanciones puede resultar insuficiente frente a un problema estructural.

El nudo institucional y la justicia que no responde

De acuerdo con Hernández, uno de los mayores obstáculos aparece fuera de la dependencia: el sistema judicial. “El Poder Judicial es el poder que más le debe a las mujeres, se enfrentan a revictimización, a malas defensas, a una minimización de violencia”, explicó a medios internacionales.

Su diagnóstico no se limita a fallas aisladas, ya que habla de un entramado donde las decisiones judiciales, la falta de perspectiva de género y ciertas inercias institucionales terminan por desalentar la denuncia.

Ese escenario, según ha explicado, no solo afecta a las víctimas, también condiciona el alcance de cualquier política pública en materia de género.

Cuando la agenda se cruza con el poder

La gestión de Hernández también tuvo que lidiar con episodios que tensan la relación entre discurso y práctica política. Los casos de Félix Salgado Macedonio y Cuauhtémoc Blanco expusieron esas fricciones.

En ambos, la secretaria ha sostenido que las decisiones se tomaron en espacios donde predominan los hombres, aunque el costo político recayó en las mujeres del gobierno.

“Hay lentes machistas en la opinión pública, nuestras voces no existieron”, se justificó

A la par de su agenda institucional, Hernández ha enfrentado críticas por su actividad pública, en particular por los viajes realizados durante el sexenio. Un reportaje contabilizó 41 traslados en un contexto marcado por desapariciones de mujeres.

La secretaria respondió defendiendo el sentido de esos recorridos: “Cada viaje ha sido estrictamente por trabajo, para tener cercanía con las mujeres de todo el país”.

También descalificó la publicación, al considerarla “propaganda contra el gobierno” y cuestionar el uso de fuentes basadas en redes sociales.

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