De Lincoln a Trump: los atentados contra presidentes de EE. UU.

| 18:49 | Sergio Iván González | Uno TV
Presidentes en EE. UU. que han sido blancos de atentados
Estados Unidos tiene un largo historial de atentados contra presidentes. Foto: AFP

El más reciente intento de magnicidio volvió a encender las alertas en Estados Unidos. El 25 de abril de 2026, un hombre armado abrió fuego mientras Donald Trump participaba en la tradicional cena anual de corresponsales en Washington, un hecho que reavivó el debate sobre la seguridad presidencial y la violencia política en el país.

Con este episodio, Trump suma ya tres atentados de alto perfil: el primero durante la campaña presidencial de 2024, cuando resultó herido en un mitin; el segundo en un campo de golf en Florida; y ahora este tercer ataque en un evento público. Sin embargo, la historia de los atentados contra presidentes de Estados Unidos se remonta al siglo XIX y ha dejado cuatro mandatarios asesinados y varios sobrevivientes.

Los presidentes que murieron: del asesinato de Lincoln al magnicidio de Kennedy

La historia de los presidentes asesinados en Estados Unidos comenzó con Abraham Lincoln, quien fue atacado el 14 de abril de 1865 en el Teatro Ford de Washington por John Wilkes Booth, apenas días después del fin de la Guerra Civil. Lincoln murió al día siguiente y su asesinato marcó uno de los episodios más traumáticos en la historia del país.

El segundo caso fue el de James A. Garfield, baleado en 1881 en una estación de tren en Washington por Charles Guiteau. Aunque sobrevivió inicialmente, falleció semanas después debido a complicaciones médicas derivadas de la herida.

En 1901, William McKinley fue asesinado durante una exposición en Buffalo, Nueva York. El atacante, Leon Czolgosz, le disparó a quemarropa mientras saludaba al público. Su muerte consolidó la percepción de vulnerabilidad presidencial.

Décadas después ocurrió el caso más emblemático: el asesinato de John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas. Su muerte durante una caravana presidencial sigue siendo uno de los episodios más impactantes y debatidos en la historia moderna de Estados Unidos.

Los presidentes que sobrevivieron: atentados frustrados

No todos los ataques terminaron en tragedia. El primero en sobrevivir fue Andrew Jackson en 1835, cuando un agresor intentó dispararle dos veces, pero ambas armas fallaron.

En 1950, dos nacionalistas puertorriqueños intentaron asesinar a Harry Truman en Blair House, residencia temporal del mandatario. Truman salió ileso.

Gerald Ford sufrió dos intentos de asesinato en 1975 en menos de tres semanas, mientras que Ronald Reagan recibió un disparo en 1981 al salir de un hotel en Washington. Reagan estuvo cerca de morir, pero logró recuperarse.

Donald Trump: sobrevive a tres atentados

El caso más reciente y mediático es el de Donald Trump, quien ya acumula tres atentados relevantes.

El primero ocurrió en julio de 2024 durante un mitin de campaña rumbo a su segundo mandato presidencial. Un atacante abrió fuego y una bala rozó su oreja, dejando además víctimas entre los asistentes.

El segundo episodio se registró en septiembre de 2024 en un campo de golf de Florida, donde agentes del Servicio Secreto detectaron a un hombre armado antes de que pudiera acercarse al entonces candidato republicano.

El tercer atentado ocurrió el 25 de abril de 2026 durante la cena anual de corresponsales de la Casa Blanca, reforzando la narrativa de que Trump se ha convertido en uno de los presidentes con más intentos de asesinato registrados en la historia reciente del país.

¿Por qué hay más atentados contra presidentes en Estados Unidos?

Los atentados contra presidentes de Estados Unidos no son hechos aislados, sino el reflejo de una combinación de factores políticos, sociales y culturales.

Uno de los principales elementos es la fuerte polarización política que históricamente ha marcado al país. Las divisiones ideológicas, los discursos radicalizados y los periodos de alta tensión electoral suelen elevar el riesgo de violencia contra figuras presidenciales.

A esto se suma el amplio acceso a armas de fuego protegido por la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense, un tema que constantemente reabre el debate tras cada nuevo ataque.

También influye la enorme exposición pública de los presidentes. A diferencia de otros países, los mandatarios estadounidenses suelen mantener una agenda abierta, con mítines masivos, actos públicos y contacto frecuente con simpatizantes y opositores.

Además, la figura presidencial en Estados Unidos concentra un enorme poder simbólico y político, lo que convierte al presidente en el principal objetivo para individuos radicalizados, extremistas o personas con motivaciones personales.

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