Con niños y sin mujeres, Semana Santa en Iztapalapa cambió radicalmente: cronista
La representación de la Semana Santa en Iztapalapa ha experimentado una transformación profunda a lo largo de sus más de 180 años de historia. Lo que comenzó como una práctica religiosa sencilla, hoy es una de las expresiones más multitudinarias y emblemáticas del país.
En sus orígenes, las representaciones no incluían actores como hoy se conocen. De acuerdo con la historiadora y cronista Beatriz Ramírez, las primeras escenificaciones se realizaban con imágenes religiosas antiguas, principalmente de Jesucristo y la Virgen Dolorosa, que eran llevadas en procesión.
De procesiones infantiles a una representación masiva
En los primeros años, eran niñas y niños quienes participaban en estas actividades religiosas, que se llevaban a cabo dentro de los atrios de las iglesias.
Sin embargo, conforme creció la participación de fieles y espectadores, los espacios resultaron insuficientes. Esto obligó a trasladar las representaciones fuera de los templos hacia espacios abiertos, como la actual Macroplaza, donde hoy se concentran miles de personas.
Tradiciones que anunciaban la Semana Santa
A principios del siglo XX, existían prácticas que marcaban el inicio de estas celebraciones. Una de ellas era la llamada “Publicata”, en la que músicos recorrían los ocho barrios con flautas de carrizo y tambores, anunciando la cercanía de los días santos.
Estas expresiones formaban parte de una tradición comunitaria que involucraba a toda la población, mucho antes de convertirse en el evento masivo que es hoy.
El cambio más significativo: la participación de las mujeres
Uno de los cambios más notorios en los últimos años ha sido la inclusión de mujeres en roles que anteriormente estaban restringidos.
Durante décadas, las procesiones estuvieron integradas únicamente por hombres, especialmente en los papeles de nazarenos. No obstante, en años recientes, las mujeres comenzaron a incorporarse activamente, incluso dentro de la organización.
Hoy en día, es cada vez más común verlas participar con túnica, cruz y corona de espinas, cumpliendo promesas o expresando su fe, lo que refleja una transformación social dentro de esta tradición religiosa.
Una tradición viva que sigue evolucionando
La Semana Santa en Iztapalapa mantiene su esencia religiosa, pero también evidencia cambios generacionales y sociales. De representaciones con imágenes y participación infantil, pasó a ser un evento multitudinario, incluyente y en constante evolución.
Esta transformación muestra cómo una tradición profundamente arraigada puede adaptarse con el tiempo sin perder su significado para la comunidad.
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