Polvo en Coahuila revela metales tóxicos, alertan investigadores estudio

| 00:13 | Magda Guardiola | UnoTV
Detectaron niveles elevados de plomo, cromo y arsénico. FOTO: UnoTV

Lo que viaja en el viento no sólo es tierra, sino un indicador pasivo de la polución que respiran habitantes de Coahuila. Investigadores del Centro de Investigación en Química Aplicada analizaron 391 muestras en 12 municipios del estado con tecnología de alta precisión para mapear la presencia de metales tóxicos en el polvo urbano.

El estudio identificó puntos críticos de contaminación en distintas regiones. En Torreón se detectaron niveles elevados de plomo, cromo y arsénico, este último ya detectado en el agua. En Ramos Arizpe, los elementos detectados fueron cobre y níquel, ligados a la industria automotriz. En la frontera, en Acuña y Piedras Negras, el zinc y el plomo reflejan el intenso tráfico vehicular y el uso de combustibles.

Polvo urbano en Coahuila y metales tóxicos en el aire

El clima de Coahuila juega un papel clave en esta problemática. La sequía y las ráfagas constantes de viento convierten al polvo en un vehículo de alta peligrosidad.

Alejandro Lozano, del Centro de Investigación en Química Aplicada de Saltillo, explicó: “La sequía, pues obviamente deshidrata los polvos que estén en los suelos, los vuelve más susceptibles a ser volátiles, porque no tienen agua, pesan menos y cuando vienen ráfagas de aire importantes, pues levantan estos polvos”.

Añadió que en una ráfaga promedio en el estado, estas partículas pueden elevarse cerca de 1.80 metros y hasta 2 metros, por lo que “sí somos susceptibles a que potencialmente los estemos respirando”.

A través de mapas de colores, los investigadores lograron identificar no sólo qué se respira, sino también de dónde provienen estos contaminantes, al separar lo natural de lo provocado por el hombre. Lozano detalló que, por las condiciones de la región, “estos polvos sí pueden viajar un diámetro de decenas de kilómetros” y que, aunque varios elementos corresponden a la geología del lugar, en zonas con complejos o corredores industriales también detectaron materiales que pueden estar relacionados con la actividad industrial.

El estudio también advierte que el riesgo no es igual para todos. La cercanía a zonas industriales aumenta la carga de metales en las áreas habitadas, y los efectos a largo plazo preocupan más en población vulnerable.

“En niños en general la respiración de polvos urbanos que contienen metales tóxicos está asociado a problemas cognitivos e intelectuales”, dijo el especialista.

En adultos, agregó, se relaciona con enfermedades respiratorias, alergias oculares, e incluso padecimientos más graves como cáncer, leucemia, enfermedades de la piel y de la sangre. Alertó además que se trata de un efecto acumulativo que puede reflejarse entre 20 y 25 años después.

Como parte de las recomendaciones, el especialista planteó realizar estos monitoreos cada dos años y cruzar la información con la Secretaría de Salud para prevenir que la “huella química” de las ciudades se convierta en una crisis sanitaria irreversible.

El proyecto también plantea establecer el primer Atlas de Polvos Urbanos en Coahuila, como una herramienta para medir este indicador pasivo y tomar decisiones sobre el entorno y el futuro de sus habitantes.

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