Vestir al Niño Dios mantiene viva una tradición que cruza generaciones
A días del 2 de febrero, fecha en la que se celebra el Día de la Candelaria, la tradición de vestir al Niño Dios continúa presente en distintos puntos de la Ciudad de México, donde comerciantes, artesanos y familias mantienen viva una costumbre que se remonta al siglo XIX.
Entre telas, listones, sandalias y pequeños accesorios, la práctica de arreglar y cambiar la vestimenta de las figuras del Niño Dios forma parte de los rituales que acompañan esta celebración religiosa, la cual se refuerza cada año con la llegada de la romería y los mercados temporales dedicados a esta actividad.
Comerciantes consultados señalaron que, aunque la afluencia de clientes ha disminuido con el paso del tiempo, la tradición no ha desaparecido. Familias enteras continúan acudiendo para cumplir con el ritual, especialmente quienes conservan figuras heredadas por generaciones.
Vestir al Niño Dios rumbo al Día de la Candelaria
De acuerdo con comerciantes, los Niños Dios vestidos siguen siendo solicitados principalmente en las semanas previas al Día de la Candelaria. La demanda se concentra en modelos tradicionales, especialmente aquellos que representan al Niño Jesús.
Los vestidos más solicitados son los de color blanco, asociados directamente con la imagen clásica del Niño Jesús. En contraste, los atuendos que representan santos registran menor demanda entre los compradores.
Entre los modelos que actualmente tienen mayor presencia se encuentra el Niño de la Candelaria, el cual porta una vela conocida como candela y una canastilla con una paloma, símbolos propios de esta festividad religiosa.
Diseños más solicitados y nuevos modelos
Además del Niño de la Candelaria, comerciantes y artesanos ofrecen otras representaciones que forman parte del catálogo actual de vestimenta del Niño Dios. Entre ellas se encuentran:
- Niño de la Salud
- Santo Niño de Atocha
- Divino Niño
- Jesús Nazareno
Estos modelos se elaboran en distintos tamaños, desde figuras de 4 centímetros hasta representaciones de 45 centímetros, lo que influye directamente en el precio final del vestido.
Precios de la vestimenta del Niño Dios en 2026
Los precios de la vestimenta del Niño Dios varían de acuerdo con el tamaño, el diseño y los materiales utilizados. De acuerdo con comerciantes consultados, los costos se ubican en los siguientes rangos:
- Vestidos: de 100 a 450 pesos
- El vestido de mayor tamaño, correspondiente a figuras de 45 centímetros, alcanza un precio aproximado de 450 pesos
Estos precios han permitido que la tradición se mantenga accesible para distintos presupuestos, especialmente durante la temporada alta previa al 2 de febrero.
Restauración de figuras del Niño Dios
Además de la venta de vestimenta, la restauración de figuras del Niño Dios es otra actividad que cobra relevancia durante esta temporada. Restauradores señalaron que muchas de las figuras que reciben tienen entre 100 y 150 años de antigüedad, y algunas están elaboradas en madera.
Los costos de restauración dependen del estado de la figura y del trabajo requerido. Los precios reportados son:
- Retoques básicos: 100 a 150 pesos
- Restauración completa: hasta 250 pesos
Aunque en algunos casos resulta más económico adquirir una figura nueva, los restauradores explicaron que el valor de estas imágenes suele ser sentimental, ya que pertenecen a familias desde hace varias generaciones.
Trabajo artesanal que dura todo el año
Artesanos dedicados a la elaboración de vestimenta del Niño Dios indicaron que esta actividad no se limita a la temporada de Candelaria. El trabajo se realiza durante todo el año, ya que cada modelo se confecciona en múltiples tamaños y estilos.
La preparación anticipada permite contar con suficiente variedad para atender la demanda que se concentra en enero y febrero, cuando los mercados y romerías incrementan su actividad.
La romería de Mixcoac, un punto clave
La romería de Mixcoac se mantiene como uno de los puntos más visitados para adquirir vestimenta del Niño Dios. Compradores destacaron que los precios resultan accesibles y que existe una amplia variedad de diseños.
Además del costo, los visitantes señalaron que los modelos disponibles influyen en su elección, ya que buscan representaciones específicas que se ajusten a la tradición familiar.
Más allá de modas o del paso del tiempo, vestir al Niño Dios sigue siendo un ritual que se transmite de generación en generación y que, cada febrero, vuelve a ocupar calles, mercados y romerías.
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