“Efecto Matilda”, el feńomeno que invisibiliza a mujeres en la ciencia

| 12:39 | Alfredo Narváez | UNAM
UNAM explica las consecuencias del "Efecto Matilda"
UNAM explica las consecuencias del “Efecto Matilda” | Foto: Pixabay

El 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, por lo que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) recordó el llamado “Efecto Matilda” que invisibiliza a las mujeres en los hallazgos científicos del mundo.

Por otro lado, Soledad Funes, experta de la institución académica mexicana llega al “11F” asegurando que los avances en la equidad dentro de la ciencia han sido lentos. “Es necesario vincular la perspectiva de género con la investigación científica”, aseveró.

¿Qué es y cuál es el origen del “Efecto Matilda”?

En 1938, Lise Meitner descubrió la fisión nuclear a partir de un experimento de su colaborador Otto Hahn, contribuyendo a comprender la composición de los átomos.

Seis años después, Otto Hahn recibió el Premio Nobel de Química y se omitió a Meitner, de acuerdo con la UNAM, que colocó a dicho suceso como un ejemplo del “Efecto Matilda“.

En 1990, Margaret Rossiter atribuyó el término al sesgo de género en la ciencia que hace que los nombres femeninos se omitan de las contribuciones relevantes o que se atribuya el crédito sólo a los hombres, según Paula Ximena García Reynaldos, titular de la Coordinación de Docencia del Instituto de Química de la UNAM

El término alude a Matilda Gage, sufragista estadunidense decimonónica que planteó que los descubrimientos hechos por científicas e inventoras no se les reconocían, remató García Reynaldos.

Esa problemática, además de invisibilizarlas a lo largo de la historia, obstaculiza la integración de niñas, adolescentes y mujeres a las ciencias, o que se dediquen a ellas. En el mundo, sólo tres de cada 10 lo hacen, de acuerdo con la UNAM.

¿Qué se sabe del caso de Lise Meitner?

Lise Meitner, nacida en Austria en 1878, vivió en una época que limitaba el acceso a estudios superiores a las mujeres; sin embargo, su inteligencia y pasión por la física la ayudaron a ingresar a la Universidad de Viena en 1901.

De esta forma, la austriaca se convirtió en una de las primeras doctoras en Física de todo el mundo. Eventualmente, se mudó a Berlín, Alemania, para tomar clases con Max Planck.

Su estancia en Alemania se alargó tres décadas y comenzó a colaborar con el químico experimentalista Otto Hahn, estudiando la composición y comportamiento de los átomos al bombardearlos con otras partículas subatómicas.

La UNAM describe que Hahn se encargaba de los experimentos y Meitner los interpretaba.

Paula Ximena García Reynaldos señaló que Lise Meitner logró ser jefa del Departamento de Física en la universidad donde trabajaba, pero tuvo que huir de Alemania en 1938 por ser judía. Así que se refugió en Suecia para seguir trabajando con Hahn.

El Nobel no reconoció el trabajo de la austriaca

Tras su traslado a Suecia, Lise Meitner hizo un descubrimiento crucial para el estudio de la física nuclear que se encontraba en auge a principios del siglo XX.

Otto Hahn bombardeó con neutrones el núcleo de un átomo de uranio esperando que se hiciera más grande. El experimento fracasó y Meitner sugirió que el átomo se rompía en otros más pequeños, proceso al que denominaron como fisión, según García.

Los científicos compartieron sus resultados en 1939 y fue firmado por Otto Hahn y su colaborador Fritz Strassmann, quien colaboró con Lise en el hallazgo de la fisión.

Poco tiempo después, la revista Nature publicó la interpretación de Meitner y Frisch; no obstante, solo Otto recibió el Premio Nobel de Química por el hallazgo en 1944.

La inconformidad de Lise Meitner

Cabe destacar que Lise Meitner no tenía dudas de la calidad de su trabajo, aunque sabía que era difícil que recibiera crédito por sus propias conclusiones, según Paula García.

“Incluso, en sus comunicaciones con Hahn, expresaba sus preocupaciones sobre el reconocimiento que podría tener respecto a los descubrimientos que hacían en conjunto, pues a los resultados obtenidos por mujeres no se les daba el mismo valor que a los de los hombres”.

Paula Ximena García Reynaldos, titular de la Coordinación de Docencia del Instituto de Química de la UNAM

Agregó que era notorio que la explicación de Meitner completó la descripción del fenómeno físico y, pese a ello, el comité del Nobel decidió no premiarla.

“Podría pensarse que influyeron las circunstancias geopolíticas, pero aun así es clara la omisión de su nombre y la falta de reconocimiento. De hecho, ella sí estuvo nominada y simplemente optaron por no dárselo”, agregó García.

Meitner fue reconocida por su aporte a la fisión nuclear de manera tardía. En la década de los 60 del siglo XX, cuando estaba por retirarse de su larga trayectoria, recibió el Premio Enrico Fermi de Física.

Impacto en niñas y adolescentes

En 1901 se entregaron los primeros Nobel de Física y Química. Hasta 2025 había 427 personas galardonadas y sólo 13 eran mujeres. Lo sucedido con Meitner ejemplifica el “Efecto Matilda“.

“No es sólo que los hombres se roben el crédito, es una situación institucional. Pese a lograr resultados y desarrollos importantes, no se nos concede el mismo valor”.

Paula Ximena García Reynaldos, titular de la Coordinación de Docencia del Instituto de Química de la UNAM

El “Efecto Matilda” tiene impactos cuantificables. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, tres de cada 10 personas de la comunidad científica en el mundo son mujeres.

El 22% de los puestos de trabajo en ciencias, ingeniería, tecnología y matemáticas en los países del G20 le corresponde a ellas, y sólo una de cada 10 asciende a lugares de liderazgo.

En México, el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores reporta que cuatro de cada 10 son mujeres.

“Hay un equilibrio numérico de género entre quienes completan el bachillerato o estudian una carrera científica, pero al avanzar a los posgrados, la cantidad de ellas baja, quizá por no tener referentes suficientes para sentirse aptas para ocupar esos lugares o porque, al no ver a otras en puestos de liderazgo en la ciencia, creen que es por incapacidad y eso es erróneo: son las circunstancias las que no favorecen la igualdad sustantiva”.

Paula Ximena García Reynaldos, titular de la Coordinación de Docencia del Instituto de Química de la UNAM

Por lo anterior, Paula García se ha dedicado a la divulgación científica desde 2007 y a rescatar las historias de aquellas que contribuyeron en descubrimientos que hoy en día permiten comprender cómo es el mundo.

Otra experta reproche avances nulos en la equidad de la ciencia

En el marco del Día Internacional de las Mujeres, Jóvenes y Niñas en las Ciencias, la doctora María Soledad Funes Argüello, coordinadora de la Investigación Científica de la UNAM, advirtió que, aunque hay avances en la participación femenina, el ritmo de cambio hacia la igualdad de género sigue siendo preocupantemente lento.

Señaló que, actualmente, las mujeres representan apenas el 30% de las personas dedicadas a la ciencia. Según la especialista, esta brecha estructural tardará años en cerrarse, lo que hace urgente intensificar las acciones correctivas desde este momento.

A pesar de que las mujeres tienen mayor presencia en la educación superior que los hombres, esta tendencia se diluye en las disciplinas científicas, donde ellas solo constituyen el 35% de los graduados y una de cada tres investigadores.

Funes Argüello enfatizó que la equidad no es solo una cuestión de justicia social, sino de calidad académica. La inclusión de mujeres aporta perspectivas distintas que permiten generar proyectos más “sólidos y robustos” en comparación con aquellos realizados bajo una visión de género única.

En el caso específico de la UNAM, la funcionaria señaló que áreas como física y matemáticas presentan el mayor rezago, con comunidades donde el personal femenino apenas llega al 20%.

La especialista también denunció la persistencia de prejuicios que vinculan el liderazgo científico exclusivamente con lo varonil. A menudo, la feminidad y la maternidad son vistas como incompatibles con los perfiles de mando académico, un estereotipo que urge desmantelar.

Un obstáculo persistente es la llamada “tubería con fugas“, fenómeno en el que la presencia femenina disminuye drásticamente al avanzar hacia el posgrado. Esto se debe, en gran medida, a que las labores de cuidado y la presión familiar recaen desproporcionadamente en las mujeres.

Para revertir esta situación, la doctora hizo un llamado a fomentar paternidades responsables y espacios de investigación seguros. Subrayó que la corresponsabilidad en el hogar es una pieza clave para que las científicas puedan desarrollar sus carreras sin desventajas estructurales.

Finalmente, Funes Argüello instó a las familias a apoyar las inquietudes científicas de las niñas sin sesgos. Definió la investigación como una labor “maravillosa y apasionante” que debe ser accesible para las nuevas generaciones, garantizando que el género no sea una barrera para el intelecto.

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