Día de Reyes Magos en México: origen, significado y cómo se vive hoy

El Día de Reyes es una fecha que miles de familias celebran en México, una tradición que combina historia, religión y costumbres transmitidas de generación en generación.
El 6 de enero es especialmente esperado por niñas y niños, quienes reciben regalos si sus padres consideran que se han portado bien a lo largo del año. Sin embargo, el significado de esta celebración va mucho más allá de la ilusión infantil.
¿Cuál es el origen del Día de Reyes?
De acuerdo con las escrituras bíblicas, el Día de Reyes conmemora la adoración del niño Jesús por parte de los magos, quienes viajaron desde Oriente guiados por una estrella para rendir honores al recién nacido y ofrecerle presentes. Este pasaje aparece en el Evangelio según Mateo, en el capítulo 2, versículos del 1 al 12.
Según el escrito, los magos llegaron primero a Jerusalén, donde preguntaron al rey Herodes por el “rey de los judíos” que acababa de nacer. Tras consultar a sacerdotes y sabios, Herodes supo que, de acuerdo con las profecías, el Mesías nacería en Belén. Más tarde, los magos encontraron al niño Jesús junto a María, su madre, y le ofrecieron oro, incienso y mirra como símbolo de reconocimiento y adoración.
La tradición cristiana señala que, tras recibir una advertencia en sueños sobre las verdaderas intenciones de Herodes, los magos regresaron a su tierra por un camino distinto, evitando volver a Jerusalén.
Dentro del calendario católico, esta celebración coincide con la Epifanía, una de las festividades litúrgicas más antiguas del cristianismo. La palabra Epifanía significa “manifestación” o “revelación”, en referencia a la presentación de Jesús ante el mundo pagano, representado por los Reyes Magos, y se celebra cada 6 de enero.
En México, como señala el semanario Desde la Fe, la celebración de la Epifanía se recorre al domingo que cae entre el 2 y el 8 de enero, debido a que no es considerada una fiesta de precepto.
¿Quiénes eran los Reyes Magos?
La palabra “mago” proviene del término persa ma-gu-u-sha, que significa sacerdote, y hacía referencia a una casta de sabios persas o babilonios dedicados al estudio de las estrellas como parte de su búsqueda espiritual.
Desde los primeros siglos del cristianismo, los Padres de la Iglesia reflexionaron sobre el origen y la identidad de estos personajes.
Como explica Antonio Rubial García, profesor e investigador del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en su ensayo “Los santos reyes en el imaginario medieval novohispano”, en el siglo III ya existían teorías que los describían como astrólogos provenientes de regiones como Caldea, Arabia o Persia.
Aunque el Evangelio no especifica cuántos eran, el número de regalos —oro, incienso y mirra— llevó a considerar que se trataba de tres magos. No obstante, en algunas iglesias cristianas de Armenia se hablaba de hasta doce sabios que visitaron al Niño Jesús.
En el siglo V, Agustín de Hipona interpretó a los magos como una representación del mundo pagano que reconoce a Jesucristo como Rey y Salvador. En ese momento, aún no se conocían sus nombres.
Fue hasta el siglo VI cuando los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar comenzaron a difundirse ampliamente en el Imperio Bizantino, algunas regiones de Armenia y el occidente de Europa, consolidándose con el paso del tiempo.
Melchor, Gaspar y Baltasar: su simbolismo
A partir del siglo VIII, el monje inglés Beda el Venerable desarrolló una interpretación simbólica que perdura hasta hoy. Señaló que los magos representaban a las tres regiones del mundo entonces conocido: Asia, África y Europa.
Asimismo, explicó que los regalos estaban ligados a necesidades prácticas y espirituales: el oro para la manutención de la Sagrada Familia, el incienso para dar buen olor al lugar donde habitaban y la mirra para fortalecer el cuerpo de Jesús.
Con el tiempo, también se les asoció con las etapas de la vida humana. Hacia finales del siglo VIII y principios del IX, durante el reinado de Carlomagno, los magos comenzaron a representarse como tres generaciones de una misma dinastía, simbolizando juventud, madurez y vejez.
En la iconografía cristiana, Melchor suele aparecer como un anciano de barba blanca, símbolo de Europa, ofreciendo oro en reconocimiento a la realeza de Jesús. Gaspar representa a Asia y entrega incienso como símbolo de la divinidad, mientras que Baltasar, asociado con África, ofrece mirra, que alude a la humanidad de Cristo, explica la Església de Barcelona.
Las primeras representaciones los mostraban vestidos con atuendos persas y sosteniendo las ofrendas con las manos cubiertas por mantos, en señal de respeto. Fue a partir del siglo IX cuando comenzaron a ser representados como reyes con coronas, imagen que se mantiene vigente hasta la actualidad.
La tradición del Día de Reyes
La celebración del Día de Reyes se fue formando con el paso del tiempo y está ligada a la expansión del cristianismo durante el Imperio Romano.
Miguel Ángel Ayala, profesor de cátedra del departamento de Ciencias Sociales en PrepaTec Toluca, explica que las antiguas colonias compartieron un mito común que se diversificó según cada región, lo que explica por qué esta festividad se celebra en países europeos como Italia, Francia, España o Rumanía, así como en América Latina.
“Esta festividad no nació como una sola, diversos elementos a lo largo del tiempo fueron adicionados”, señaló el académico.
Durante la Edad Media comenzó a popularizarse el uso de un bizcocho, antecedente de la actual rosca de Reyes, con un fuerte simbolismo religioso.
“En la lógica cristiana se come el cuerpo y se bebe la sangre de Cristo”, explicó Ayala.
Los ingredientes también tenían un significado: los frutos confitados representaban los presentes recibidos y, en su interior, se colocaban objetos como un haba, frijol o corona. Quien encontraba uno de ellos se convertía simbólicamente en “rey por un día”, en referencia a los Reyes Magos.
¿Cómo llegó a México la tradición del Día de Reyes?
La tradición llegó a las colonias de la Nueva España durante la época colonial y, con el paso del tiempo, se fue transformando hasta convertirse en la celebración que hoy se conoce en México.
Uno de los elementos que más cambios tuvo fue la rosca de Reyes, en México no se incluye un solo objeto, sino varios muñecos, y quienes los encuentran adquieren el compromiso de pagar los tamales para todos los invitados el 2 de febrero, Día de la Candelaria.
Miguel Ángel Ayala, explicó que esta práctica se relaciona con una idiosincrasia propia de los pueblos originarios previa a la colonia, que contaban con celebraciones vinculadas al maíz y que coinciden con la fecha de la Candelaria.
Para el académico, la festividad del Día de Reyes forma parte de una serie de acciones impulsadas durante la colonia como una estrategia para fortalecer la evangelización de los pueblos, mediante el uso de objetos y actividades simbólicas.
“Se utilizó también la sustitución de fiestas de dioses por santos, y elementos como la piñata, las pastorelas y la rosca de Reyes fueron empleados para consolidar la evangelización”, explicó Ayala.
¿Cómo se vive hoy el Día de Reyes?
En la actualidad, el Día de Reyes se asocia principalmente con la entrega de regalos a niñas y niños la mañana del 6 de enero, aunque no existe una fecha exacta que marque el inicio de esta costumbre.
De acuerdo con especialistas, se trata de una tradición que no proviene de la época colonial, sino que comenzó a consolidarse en el siglo XIX, influida por prácticas europeas y el crecimiento de la burguesía.
Antonio Rubial García, profesor e investigador del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, explica que la entrega de obsequios forma parte de una evolución cultural más reciente, que se integró al ciclo de celebraciones invernales.
Durante este periodo, que va del 25 de diciembre al 6 de enero, conviven distintas tradiciones. Por un lado, persisten celebraciones de origen cristiano como los nacimientos, la cena de Navidad y la Rosca de Reyes; por otro, coexisten influencias anglosajonas como Santa Claus, asociadas en mayor medida a fenómenos comerciales.
A pesar de vivir en una sociedad cada vez más secularizada, Rubial García considera que el Día de Reyes sigue vigente como una celebración simbólica y parte de la identidad cultural en México.
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