Cómo terminar una relación tóxica sin perderte a ti mismo
Terminar una relación tóxica no es fácil, no solo porque duela, sino porque muchas veces la persona ya se acostumbró a sobrevivir en ese entorno. Entre discusiones constantes, culpas, promesas rotas y desgaste emocional, se pierde la claridad de lo que es una relación sana.
Sin embargo, si alguien está considerando irse, generalmente es porque algo dentro de sí ya despertó. Reconocer que algo no está bien es el primer paso. Lo siguiente es saber cómo salir sin perderse a uno mismo en el intento, conoce cómo hacerlo en una edición más de “Trucos Para Ti” con Maggie Hegyi.
Deja de justificar lo injustificable
Uno de los patrones más comunes en relaciones tóxicas es normalizar el malestar. Frases como “así es su carácter”, “yo también tengo la culpa” o “seguro va a cambiar” se vuelven parte del día a día.
Pero si constantemente te sientes culpable, cansado, inseguro o insuficiente, no es amor. El amor no te hace dudar de tu valor todos los días ni te coloca en un estado permanente de ansiedad.
Identificar esto implica dejar de justificar actitudes hirientes, manipulación emocional o falta de respeto. El primer acto de amor propio es aceptar que algo no está funcionando.
Decide antes de avisar
Uno de los errores más frecuentes al intentar terminar una relación tóxica es anunciar la intención sin haber tomado una decisión firme.
Cuando la ruptura se comunica desde la duda, suele aparecer la manipulación: promesas de cambio, lágrimas, chantaje emocional o culpas. Esto puede generar confusión y hacer que la persona retroceda.
Por eso, especialistas en dinámica de pareja recomiendan decidir primero en silencio. Reflexionar, confirmar internamente que la decisión está tomada y, solo entonces, comunicarla. No se trata de pedir permiso para irse, sino de asumir la responsabilidad de hacerlo.
Sé claro y firme
Al momento de hablar, la claridad es fundamental. No es necesario dar explicaciones interminables ni entrar en debates que solo prolongan el desgaste.
Una frase directa como: “Esto ya no me hace bien y no voy a continuar” es suficiente. No se trata de ganar una discusión, sino de establecer un límite.
La firmeza no es frialdad; es coherencia. Y la claridad también es una forma de respeto hacia la otra persona y hacia uno mismo.
Pon límites reales
Terminar una relación no significa mantener el mismo nivel de contacto “por costumbre”. Seguir hablando todos los días, verse con frecuencia o intentar ser “solo amigos” cuando todavía hay dolor puede dificultar el proceso de sanación.
Cortar contacto, al menos por un tiempo, no es un acto de crueldad. Es una estrategia emocional para recuperar estabilidad. Los límites reales permiten reconstruir la identidad fuera de la relación y evitar recaídas.
Recuerda por qué te vas
Después de una ruptura, es normal que aparezcan dudas, la nostalgia puede suavizar los recuerdos y hacer que se minimicen los problemas que llevaron a la decisión.
Por eso, puede ser útil escribir las razones por las que se decidió terminar, guardarlas y releerlas en momentos de debilidad ayuda a mantener perspectiva.
Irse de una relación tóxica no es un acto de debilidad. Es una decisión basada en la búsqueda de paz, estabilidad y amor propio.
Salir también es un acto de amor propio
Terminar una relación tóxica no solo implica dejar a alguien; implica reencontrarse con uno mismo. Recuperar la tranquilidad, la autoestima y la seguridad emocional puede tomar tiempo, pero es parte del proceso.
A veces, el mayor acto de valentía no es quedarse intentando reparar lo irreparable, sino irse cuando entiendes que mereces algo mejor.
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