No es si está prohibido “asolearse” en Palacio Nacional, sino la forma en que se buscó tapar el asunto
Lo que inicialmente parece un “escandalillo menor”, o un tema de burlas, en el uso de las instalaciones de Palacio Nacional por una mujer para fines personales, destaca como el fondo del asunto una vulnerabilidad y falta de ética en la comunicación oficial, afirma Jesús Silva-Herzog Márquez, que señala como el punto central, y el más grave, el hecho de que las estructuras de comunicación del gobierno de Claudia Sheinbaum, incluyendo las agencias supuestamente dedicadas a verificar información, mintieran abiertamente al denunciar las imágenes como un “truco” o una “farsa” antes de cerciorarse de la verdad.
En Noticias en Claro, el analista critica la respuesta sistemática del oficialismo, que inicialmente optó por una campaña agresiva contra sus críticos y luego recurrió a la “escapatoria” de desviar la atención hacia el pasado neoliberal para evitar confrontar preguntas legítimas. Agregó que el problema no habría escalado si el gobierno hubiera admitido el suceso desde el principio con transparencia, en lugar de permitir que sus voceros se convirtieran en “propagandistas de la mentira”, lo cual termina exhibiendo la falta de rigor y honestidad en el aparato estatal.
Finalmente, Silva-Herzog Márzquez subraya que, aunque no se trate de un delito grave, el uso de Palacio Nacional para actividades ajenas a la función pública es incorrecto, dado que las instalaciones son parte del patrimonio artístico e institucional del país, lamentando además la falta de transparencia final, ya que el gobierno no aclaró la identidad de la servidora pública involucrada ni el tipo de sanción impuesta.
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