Quedaríamos totalmente aislados: tormentas “matatecnologías” y por qué preocupan a expertos

La posibilidad de que el Sol emita una súper llamarada comparable o incluso mayor a la registrada el 1 de septiembre de 1859, conocida como la Tormenta de Carrington, mantiene en alerta a la comunidad científica. De ocurrir un evento de esa magnitud, la humanidad podría quedar totalmente aislada desde el punto de vista tecnológico, advirtió Víctor Manuel Velasco Herrera, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM (IGF).
El especialista señaló que una tormenta solar extrema provocaría la pérdida masiva de información, la caída de Internet, la inutilización de satélites, dispositivos inteligentes y computadoras cuánticas, lo que significaría un retroceso de hasta dos mil años en términos de conocimiento.
Qué son las tormentas “matatecnologías”
Las tormentas denominadas “matatecnologías” son consecuencia de súper llamaradas solares, explosiones repentinas de energía generadas por el enredo, cruce o reorganización de los campos magnéticos cercanos a las manchas solares. Estas fulguraciones pueden desencadenar tormentas geomagnéticas capaces de afectar gravemente la infraestructura tecnológica del planeta.
“El problema es que toda la tecnología que conocemos es obsoleta ante una súper llamarada”, explicó Velasco Herrera, al advertir que la vida moderna depende casi por completo de sistemas electrónicos y de comunicación satelital.
El ciclo solar 25 y el riesgo latente
Durante los siguientes años, mientras continúa el ciclo solar 25, es posible que se sigan registrando auroras boreales a bajas latitudes, un fenómeno poco común que ya ha sido observado recientemente en distintas regiones del mundo.
Las mayores explosiones solares, indicó el investigador, seguirán ocurriendo en este periodo, lo que incrementa el riesgo de un evento similar al de 1859. “Estamos en una carrera contra reloj”, advirtió, al señalar la necesidad de preparar a nuevas generaciones de especialistas capaces de desarrollar tecnología que resista este tipo de fenómenos.
La tormenta de Carrington y su impacto histórico
El evento de 1859 fue documentado por el astrónomo inglés Richard Carrington, quien observó una intensa explosión solar mientras estudiaba las manchas del Sol. Horas después, una tormenta geomagnética sin precedentes azotó la Tierra, provocando fallas en las redes telegráficas y auroras visibles incluso en el Caribe.
Aunque Carrington fue olvidado tras su muerte a los 49 años, su observación marcó un punto clave en el estudio de la actividad solar. Desde entonces, la ciencia se pregunta cuándo ocurrirá nuevamente una explosión de esa magnitud.
Alertas científicas tras explosiones recientes
Velasco Herrera recordó que en mayo de 2024 se registró la mayor explosión solar medida de forma instrumental, lo que encendió las alertas entre la comunidad científica. “En ese momento, quienes estudiamos el Sol nos comenzamos a preocupar seriamente”, afirmó.
El riesgo es mayor hoy debido a la dependencia de las comunicaciones satelitales. Una tormenta solar extrema podría dejar incomunicado al planeta no por días, sino por meses o años, con la pérdida total de información almacenada en la nube, un escenario comparable a “una nueva quema de la biblioteca de Alejandría”.
La UNAM y el monitoreo del Sol
El investigador destacó que la UNAM cuenta con una de las series de tiempo de explosiones solares más completas del mundo, con datos que abarcan desde 1937 hasta 2022, además de registros históricos de manchas solares desde 1610 hasta 2025, con más de un millón de reportes.
Gracias a la digitalización de archivos y al uso de inteligencia artificial, los científicos pueden identificar patrones y anticipar la recurrencia de auroras a latitudes bajas. Según los datos actuales, el Sol ha acumulado suficiente energía para seguir generando fenómenos intensos durante su ciclo activo.
“Hoy tenemos la información necesaria para saber que el riesgo existe”, concluyó Velasco Herrera, al advertir que una tormenta solar tipo Carrington puede ocurrir en cualquier momento y que la preparación tecnológica será clave para evitar un colapso global.



