Entre hilos, joven yucateco rompe estereotipos y mantiene viva tradición maya

| 03:03 | Kattia Espinosa | Uno TV

Mientras muchos jóvenes pasan horas deslizando el dedo frente a una pantalla, él las puede pasar haciendo algo completamente distinto. Es Jeremías May y vive en San José Oriente, en Hoctún, Yucatán, y tiene algo en común con las mujeres de su comunidad: sabe convertir aguja, hilo y paciencia en verdaderas obras de arte.

“Mi familia siempre, siempre me apoyó, siempre me apoyó en el bordado, mis hermanas, mi mamá, ante todo pues me decía que no te importe lo que digan los demás, tú estás en tu casa. Dedícate a tus bordados, haces muy bonitos trabajos”
Jeremías May / joven bordador

El punto de cruz forma parte de una larga tradición del bordado maya-yucateco. Durante generaciones, este conocimiento pasó principalmente de madres a hijas, pero Jeremías cambió una palabra en esa historia: de madre a hijo.

Tenía apenas ocho años cuando la curiosidad pudo más. Veía los hilos que su madre dejaba junto a la hamaca y comenzó a imitar sus movimientos. Lo que empezó como un juego, terminó convirtiéndose en un oficio.

“Cuando empiezas a buscar los colores, el material y todo, cuando ya empiezas a dar la primera puntada y ves cómo el bordado va cobrando vida, ahí te das cuenta de lo que haces, es hermoso, es muy bonito, de cómo queda”
Jeremías May / joven bordador

Y esto requiere mucho más que saber meter una aguja. Hay que contar, calcular, combinar colores. Un oficio que él sigue y que a su mamá la hace sentir orgullosa.

“Me siento orgullosa de que a mi hijo le haya enseñado correctamente el bordado de punto de cruz”
Wilma Cobá / mamá de Jeremías

Sus manos también están rompiendo otra cosa: un estereotipo. Durante años, hombres bordadores de comunidades yucatecas llegaron incluso a ocultarse para trabajar, ante los prejuicios por realizar una actividad considerada exclusivamente femenina.

Naciones Unidas (ONU) ha documentado estas historias y los estigmas de género alrededor del oficio. Hoy, mientras México busca llevar el bordado tradicional maya peninsular a un eventual reconocimiento de la Unesco, en pequeñas comunidades como ésta, su futuro puede estar ocurriendo de la manera más sencilla: alguien enseñándole a otro a no soltar el hilo.

Porque quizá conservar una tradición no significa hacerla exactamente como antes, también es permitir que nuevas manos la hagan suya.

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