Avanza la derecha en Latinoamérica; Colombia, Argentina, El Salvador y más en la lista

| 19:41 | José Pablo Espíndola - J.L. Márquez | Uno TV
Derecha Latinoamérica
Líderes de derecha en Latinoamérica. Fotos: AFP

Con el triunfo de Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales de Colombia se mantiene la tendencia en Latinoamérica de optar por los gobiernos de derecha. Un fenómeno que se originó con el triunfo de Nayib Bukele en el Salvador y se ha péptido en otros países como Ecuador, Argentina, Chile y ahora Colombia.

Antonio Michel, académico e internacionalista del ITAM, señaló hace unos meses que, al observar el fenómeno desde 2019, es posible identificar un patrón que comienza con Nayib Bukele en El Salvador y continúa con liderazgos como Rodrigo Chávez en Costa Rica, Novoa en Ecuador, Mulino en Panamá, Milei en Argentina, Kast en Chile, y ahora Abelardo de la Espriella en Colombia

El académico considera que, en muchos casos, los votantes no ubican estas propuestas dentro de un eje ideológico definido, sino que reaccionan al desgaste del régimen político existente.

Voto de castigo y ruptura con el statu quo

Michel explica que el denominador común en estos procesos electorales es el hartazgo, así que la ciudadanía expresa su inconformidad a través de un voto de castigo, más que mediante una adhesión ideológica consciente.

“En realidad, muchas de las ideologías o de las propuestas que hacen estas figuras no es que la gente las ubique de inmediato dentro del eje de ideologías, sino que están cansados del régimen actual. Buscan un cambio. En la gran mayoría de los casos que ya mencioné, pareciera un voto de castigo. O sea, como alguien que exige que las cosas no están funcionando, quiero alguien que traiga orden”, opina.

Este cansancio, añade, empuja a los electores hacia opciones que prometen romper con lo anterior, incluso si representan el polo opuesto al que habían apoyado antes.

Uno de los ejes centrales que, según Michel, explica este viraje electoral es la preocupación por la seguridad. Dice que la expansión del crimen organizado y su impacto en la vida cotidiana generan una presión social que atraviesa fronteras.

“Es esta imagen del hombre fuerte, del hombre con mano dura, que trae orden en ciertos temas que generan inconformidad. Y principalmente el paralelismo que vemos en estos casos es una preocupación latente de la población en temas como la seguridad. Vemos que lo que hace eco en todos estos países es la preponderancia del crimen organizado y su incursión en los mercados lícitos, no solamente en los sectores ilícitos”, expresa el académico.

Y añade que la percepción de colusión entre autoridades y grupos criminales detona una reacción social marcada por el rechazo a la inseguridad, la extorsión, las desapariciones y la violencia.

¿Es la misma derecha en todos los países?

Antonio Michel explica que si bien hay similitudes entre el tipo de gobiernos de derecha que están llegando al poder en América Latina, no se pueden homogeneizar. Lo que sí podemos ver como hilo conductor son las necesidades en los temas como seguridad, migración y economía que existen en la región.

“Si tomamos como punto de arranque 2019, el momento Bukele en El Salvador, de nuevo era este hombre fuerte que gana como externo y rompe con los partidos tradicionales. El tema de seguridad se vuelve como el eje absoluto de su campaña y de ahí hay como un impacto regional. En Costa Rica con Rodrigo Chávez vemos también que es un país históricamente moderado y Chávez llega con un discurso antiélites, de nuevo atendiendo la parte de economía, confrontación con prensa, énfasis en orden y eficiencia; no es que sea ultraderecha, pero sí es como una mano más dura, como un liderazgo fuerte“, expresa.

En Panamá con Mulino Quinter, un exministro de seguridad, dice Michel, trae consigo una narrativa de mano dura y el patrón se repite otra vez: el tema de la seguridad prevalece sobre la ideología. En Ecuador toda la violencia que hubo en la última elección presidencial fue lo que puso de relieve la importancia de tener un cambio y aunque no es ultraderecha, de nuevo el patrón que vemos es que su credibilidad nace del uso de fuerza, “es un ejemplo de que el crimen organizado es un gran motor en esta preocupación que tiene la gente”.

“Vemos en Argentina que hay un voto de castigo hacia el peronismo y hay un salto al vacío ideológico. El Estado deja de ser una solución y es un problema; entonces, ahora Javier Milei viene con medidas más extremistas para dar soluciones y como empiezan a verse resultados, o por lo menos unas decisiones radicales, llaman la atención porque están haciendo algo de nuevo opuesto a lo que se estaba haciendo y eso empieza a permear en la región. Yo no diría que todos sean de la misma tela, de ultraderecha, sino que tienen problemas similares“, reafirma.

En Chile y Colombia, los temas se repiten: seguridad, migración y un rechazo a lo que había hecho la izquierda, pero Michel insiste en que no es que haya una ultraderecha que se está mimetizando en América Latina, sino que están espejeando liderazgos duros que atienden una inconformidad y una desesperación. “Yo no diría que se puede homogeneizar la derecha en la región, sino que es parte de un oleaje”, agrega.

Jóvenes, entre el desencanto y la búsqueda de orden

Sobre el papel de los jóvenes, Michel reconoce que tradicionalmente se inclinan hacia posturas progresistas, pero afirma que el contexto actual ha modificado sus prioridades.

“No es que de repente los jóvenes digan, ‘prefiero la derecha extrema porque me identifico más con esa ideología’, sino que dicen, ‘igual no podemos salir a las calles a este desorden, estar criminalizado en todos estos aspectos de mi vida, la economía no levanta, yo estoy buscando trabajo, los sueldos no levantan. No me importa quién sea, pero que alguien ponga orden y responda a esto que estoy buscando’”, comenta.

Además, que la influencia de redes sociales y la visibilidad de casos como El Salvador o Argentina refuerzan la percepción de que ese tipo de medidas podrían replicarse en otros países.

Michel subraya que estos cambios no se limitan a las fronteras nacionales, porque los liderazgos políticos se observan, se apoyan o se rechazan entre sí, y que eso influye en la percepción ciudadana.

“Cuando de repente la gente dice, ‘tenemos un gran problema de seguridad, ve lo que está haciendo Bukele’, hay gente que pueda decir, ‘lo que está ocurriendo allá, yo quiero que pase en mi país’, y eso me impulsa a votar hacia este que se identifica con tal líder”, opina.

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