El desierto que se está convirtiendo en una gigantesca batería para millones de personas

| 07:23 | Xinhua | Agencia Xinhua | Hohhot
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La central eléctrica se convierte en una gran batería. Foto: Xinhua

El desierto de Kubuqi, en la región autónoma de Mongolia Interior, se está transformando en una gigantesca batería de energía renovable. Miles de paneles solares, parques eólicos y sistemas de almacenamiento convierten la energía del sol y del viento en electricidad que abastece de forma constante al norte del país y a la región de Beijing-Tianjin-Hebei.

En pleno verano, en el corazón del Desierto de Kubuqi, un gigantesco “caballo” parece galopar entre las dunas bajo la intensa radiación solar.

Se trata de una planta fotovoltaica conocida como la central eléctrica del caballo, formada por cerca de 200 mil paneles fotovoltaicos distribuidos sobre una superficie superior a 1.3 millones de metros cuadrados, reconocida por el Libro Guinness de los Récords como el mayor dibujo formado por paneles solares del mundo.

El séptimo desierto más grande del país, donde durante décadas dominaron las tormentas de arena y apenas crecía vegetación, se está convirtiendo en una enorme “batería externa” capaz de almacenar la energía solar y eólica en forma de electricidad y enviarla a través de líneas de ultraalta tensión hacia las grandes zonas urbanas del norte.

El megaproyecto energético que transforma el desierto

Mongolia Interior dispone de algunos de los recursos renovables más abundantes del país. A finales de 2024, la capacidad instalada acumulada de energías renovables, principalmente eólica y solar, superó los 135 millones de kilovatios, sobrepasando por primera vez a la generación térmica convencional.

En la zona centro-norte del desierto está tomando forma un gran complejo energético construido sobre áreas desérticas, zonas áridas y terrenos de tipo Gobi, con una inversión cercana a los 98 mil 800 millones de yuanes.

El proyecto contempla la instalación de 8 millones de kilovatios de energía fotovoltaica y otros 4 millones de kilovatios de energía eólica, alcanzando una escala total de 10 millones de kilovatios.

El almacenamiento, la clave de la “batería gigante”

Sin almacenamiento, el desierto sería únicamente un generador de electricidad. Con almacenamiento, se convierte en una infraestructura capaz de suministrar energía cuando la demanda lo requiere.

A finales de abril de 2026, la capacidad instalada acumulada de nuevos sistemas de almacenamiento energético en Mongolia Interior alcanzó los 25 millones de kilovatios, una de las cifras más elevadas del país.

Las autoridades prevén superar los 27 millones de kilovatios antes de terminar 2026 y alcanzar los 60 millones de kilovatios al cierre del XV Plan Quinquenal, correspondiente al periodo 2026-2030.

Aire comprimido, sales fundidas y baterías de flujo

Para almacenar la energía renovable no sólo se utilizan baterías de litio. En la región ya operan distintas tecnologías como el aire comprimido, las baterías de flujo, las sales fundidas y los volantes de inercia.

En septiembre de 2025 entró en funcionamiento una central de almacenamiento mediante aire comprimido en el distrito de Huade, perteneciente a la ciudad de Ulanqab.

El sistema aprovecha el excedente eléctrico para comprimir aire y almacenarlo en depósitos y cavidades subterráneas. Durante los picos de demanda, ese aire es liberado a alta presión para volver a generar electricidad.

Cada ciclo permite suministrar a la red unos 240 mil kilovatios-hora de energía limpia, equivalentes al consumo diario de aproximadamente 35 mil hogares.

Mientras tanto, en el distrito de Wuchuan, en la ciudad de Hohhot, avanza la construcción de una central independiente de almacenamiento de 1 millón de kilovatios y 4 millones de kilovatios-hora, cuya entrada en operación total está prevista para finales de agosto.

Según Wu Hao, responsable de la instalación, una vez conectada plenamente a la red podrá alcanzar un volumen mensual de carga y descarga de 180 millones de kilovatios-hora, reduciendo las emisiones de carbono entre 140 mil y 180 mil toneladas.

Generar electricidad y combatir la desertificación

El avance energético se desarrolla al mismo tiempo que continúa la lucha contra la desertificación.

En Mongolia Interior se ha implantado un modelo tridimensional basado en “generar energía sobre los paneles, controlar la desertificación debajo de ellos y cultivar entre las instalaciones”.

De acuerdo con Zhao Jinquan, responsable de otro proyecto fotovoltaico de 2 millones de kilovatios en Kubuqi, la tecnología bifacial de los paneles permite aumentar la producción eléctrica entre un 5 y un 10%.

Bajo las estructuras se cultivan pastos y plantas medicinales, mientras que entre las filas de paneles se desarrolla la cría de ovejas y aves de corral, generando beneficios ecológicos, económicos y sociales de manera simultánea.

Los beneficios llegan a las comunidades locales

Los proyectos energéticos también han generado ingresos para las comunidades de la zona.

Feng Hui, residente de la aldea de Guanjing, en la bandera de Dalad, dentro de la ciudad de Ordos, señaló que el desarrollo fotovoltaico ha contribuido tanto a la restauración del ecosistema como a compensar económicamente a los habitantes por el uso de sus terrenos.

Según explicó, estos paneles azules no solo producen electricidad, sino que también generan nuevas oportunidades económicas para las comunidades locales.

Energía para millones de personas

Una vez finalizada la construcción del complejo energético del centro-norte del desierto de Kubuqi, el proyecto podrá suministrar cada año alrededor de 36 mil millones de kilovatios-hora de electricidad a la red del norte del país, principalmente a la región de Beijing-Tianjin-Hebei.

Se estima que aproximadamente el 60 % de esa energía procederá de fuentes renovables y permitirá reducir las emisiones de dióxido de carbono en cerca de 16 millones de toneladas anuales.

El modelo también ha despertado interés internacional. Durante el X Foro Internacional del Desierto de Kubuqi, la representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Nora Berrahmouni, destacó que esta experiencia combina la producción energética con la protección ecológica, la lucha contra la desertificación y la mejora de las condiciones de vida de la población local.

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