Familias venezolanas despiden a fallecidos durante ataque estadounidense

Venezolanos han comenzado a despedir a sus familiares, fallecidos durante el ataque de Estados Unidos para capturar al depuesto presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Familiares enterraron a Rosa Elena González, de 80 años, en Catia La Mar, al noroeste de Caracas, el lunes 5 de enero, tras fallecer a causa de las heridas sufridas durante los ataques militares estadounidenses contra la capital venezolana.
Según su hermano, José Luis González, Rosa resultó herida en su domicilio a consecuencia de las explosiones ocurridas cerca de la Academia Militar de la Armada Bolivariana.
González fue trasladada a un hospital cercano, donde falleció posteriormente. Su apartamento quedó destruido como consecuencia del bombardeo.
Al funeral asistieron unas 12 personas en una ceremonia íntima.
Hasta el momento, no hay una cifra oficial de fallecidos, pero medios como el NYT señalan que podría rondar los 80.
González vivía en Catia La Mar, cerca de la academia naval, según informes locales.
La operación estadounidense, realizada la madrugada del sábado 3 de enero, incluyó ataques en Caracas y los estados vecinos, como La Guaira, Aragua y Miranda.
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados por fuerzas estadounidenses y trasladados a un centro de detención en Nueva York.
“Estos eran sus zapatos”, dice con incredulidad un bombero de 48 años, y señala una chancla de Rosa Elena, sin su par.
“Tan grande que es todo y precisamente aquí (bombardearon), en la casa de mi madre”, dice César, de 59 años.
“Esto le va a crear el trauma“, se lamenta, sudoroso y aun en estado de conmoción. “Para mí es rudo (difícil) llegar aquí y no verla sentada ahí en su butaca”, confiesa al borde del llanto.
Linares cuenta que con la poca compostura que le quedaba asistió a Tibisay y sacó a su propia madre de 85 años y su hija de 16 en pleno caos.
“Traté de enfocarme como que si esto hubiese sido un sismo: mantener la calma y enfocarme en las vidas de ellas y socorrerlas”, cuenta este bombero de 48 años.
La policía se llevó el proyectil, pero las autoridades no aparecen para ofrecerles asistencia.
Tres décadas de servicio prepararon a Linares para “rescatar vidas”… “Esta vez lo que me tocó fue rescatarme a mí mismo, a mi familia”, concluyó.
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