“Maduro pensó que Trump no se atrevería a atacar Caracas”: The New York Times

Mientras una flota de buques de guerra y aviones de combate estadounidenses se desplegaba frente a las aguas venezolanas y el Pentágono afinaba planes para capturarlo o matarlo, Nicolás Maduro celebraba el Año Nuevo en casa, relajado, rodeado de familiares y amigos.
De acuerdo con el reportaje “Los últimos días de Maduro en el poder”, publicado por The New York Times, el presidente venezolano subestimó de forma decisiva las intenciones de Donald Trump y creyó que Washington no cruzaría la línea roja de atacar Caracas.
“Estados Unidos amenazó con atacar Venezuela si Maduro no dimitía. Aun así, personas cercanas a él dijeron que, en repetidas ocasiones, afirmó que el Gobierno de Donald Trump no se atrevería a atacar Caracas”, señala el diario estadounidense.
Una Nochevieja sin señales de alarma
Según el diario, al terminar 2025 Maduro parecía “sorprendentemente relajado”. Compartió hallacas y pan de jamón, escuchó gaitas y envió mensajes de Año Nuevo a sus altos funcionarios.
Aunque sabía que había espías trabajando en su contra y temía una traición interna, a finales de diciembre dijo a amigos y aliados que aún estaba a tiempo de negociar un acuerdo para mantenerse en el poder o abandonar el cargo cuando él decidiera.
Para su entorno, una incursión estadounidense “parecía descabellada”. Incluso cuando explosiones sacudieron la base militar de Fuerte Tiuna el 3 de enero, algunos miembros de su círculo pensaron que se trataba de un golpe de Estado y no de un ataque de Estados Unidos.
The New York Times califica lo ocurrido como “un notable error de cálculo por parte de Maduro”, quien durante 13 años había burlado derrotas electorales, protestas masivas, complots armados e intentos de asesinato.
La llamada que cambió el rumbo
El 21 de noviembre, ambos mandatarios sostuvieron su única conversación directa conocida. Trump habló con Maduro entre 5 y 10 minutos. “Tienes una voz fuerte”, le dijo en tono jocoso, según cuatro personas familiarizadas con la llamada.
El medio explica que “la llamada terminó sin acuerdos concretos ni amenazas”. Sin embargo, cada líder salió con conclusiones distintas.
“Maduro pensó que sus bromas habían conquistado al presidente estadounidense (…) El líder venezolano, dijeron, pensó que había ganado tiempo para negociar un acuerdo y reforzó su creencia de que el despliegue militar estadounidense en el Caribe era una táctica de presión para forzar un acuerdo”, se puede leer en el reportaje.
Trump, en cambio, interpretó la actitud de Maduro como indiferencia. Según un funcionario estadounidense, citado por el diario, el presidente hizo la llamada esperando que Maduro expusiera un plan específico para abandonar el poder. “Pero la indiferencia de Maduro indicó a Trump que el líder venezolano no lo estaba tomando en serio, lo que contribuyó a la decisión de Trump de utilizar la fuerza”.
Ultimátums ignorados
Poco después, Maduro recibió un mensaje directo: debía irse de inmediato. La advertencia fue transmitida por el empresario brasileño Joesley Batista, tras reunirse con el secretario de Estado, Marco Rubio.
Rubio había dejado claro que Estados Unidos quería que el líder venezolano llegara a un acuerdo y abandonara el país. Pero Maduro interpretó el mensaje como un ultimátum, se enfadó y desestimó la amenaza.
En vez de negociar, optó por mostrarse desafiante: apariciones públicas casi diarias, bailes, consignas y un lema repetido en inglés exagerado: “Por favor, por favor, por favor: sí paz, no guerra”.
Cuando Trump vio un video de Maduro bailando, “se mostró visiblemente molesto”, lo que inclinó aún más la balanza hacia una incursión militar.
El cálculo fallido
Según el reportaje, hasta el final, Maduro creyó que el escenario más probable era un ataque contra instalaciones petroleras o puntos vinculados al narcotráfico, no un asalto directo a Caracas.
“Nunca pensó que Trump organizaría un ataque de gran envergadura contra Caracas, dijeron esas personas, y mucho menos el despliegue de 150 aviones que participaron en la operación estadounidense del 3 de enero”, dice el Times.
También confiaba en que sus Fuerzas Armadas, equipadas con armamento chino y ruso, podrían infligir bajas que harían políticamente costosa la operación para Washington. Citaban como antecedente la operación de 1989 para capturar a Manuel Noriega en Panamá, que dejó 26 estadounidenses muertos.
Pero el cálculo fue erróneo. En la madrugada del 3 de enero, aviones militares estadounidenses atacaron cuatro bases, redujeron a los escoltas presidenciales y capturaron a Maduro y a su esposa, Cilia Flores. La operación dejó más de 100 cubanos y venezolanos muertos.
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