Los Esquizitos vuelven a tocar en la CDMX: así ven el underground y la música independiente tras 32 años de carrera

Durante los años noventa, ser una banda underground significaba recorrer la ciudad con un puñado de flyers bajo el brazo, pegar carteles en las calles, llamar por teléfono a los amigos para convencerlos de ir a una tocada y ahorrar durante meses para grabar un disco. No había redes sociales, plataformas digitales ni algoritmos capaces de acercar una canción a miles de personas con un solo clic.
Tres décadas después, el panorama es completamente distinto. Hoy cualquiera puede grabar música en casa, distribuirla a través de internet y llegar a un público que antes parecía inalcanzable. En ese escenario surge una pregunta inevitable: ¿Todavía existe el underground?
Para Los Esquizitos, una de las bandas más longevas e influyentes de la escena independiente mexicana, la respuesta no es sencilla. Después de 32 años de carrera, consideran que el concepto dejó de ser el mismo, aunque la esencia de hacer música desde la honestidad permanece intacta.
La conversación con UnoTV surgió a propósito de su participación en Versus: Herencia vs. Insolencia, un contrafestival que reunirá el próximo 1 de agosto en el Foro Bizarro de la Ciudad de México a proyectos históricos y nuevas propuestas de la escena independiente.

¿Qué significa ser underground en pleno 2026?
Cuando se le pregunta si todavía existe una escena underground en la Ciudad de México, Brisa Vázquez, baterista de Los Esquizitos, hace una primera precisión. Para ella, hablar de música independiente sigue teniendo sentido porque la gran mayoría de los proyectos actuales desarrollan su carrera sin el respaldo de grandes compañías discográficas.
“Independientes definitivamente, porque ninguna de estas bandas hemos estado con alguna disquera grande. Creo que ahora cerca del 90% de las bandas o de los artistas son independientes.”
Sin embargo, cuando la conversación gira hacia el término underground, la respuesta cambia: Alex Fernández, guitarrista de la banda, considera que el concepto perdió vigencia conforme cambió la manera de hacer, distribuir y consumir música.
Recuerda que cuando Los Esquizitos comenzaron, darse a conocer implicaba recorrer un camino mucho más largo y artesanal.
“Nosotros nos dábamos a conocer con flyers de papel, con los pósters pegados en las calles, haciendo llamadas telefónicas a los compas y hasta a las tías para que le cayeran a la tocada. Tenías que tocar y tocar y tocar”, abunda Brisa.
Grabar un disco también era un privilegio reservado para pocas bandas: “Era muy complicado y muy caro. Muy pocas bandas teníamos la suerte de que alguien nos grabara en un estudio profesional.”
Hoy, el panorama cambió por completo. Las plataformas digitales permiten publicar música prácticamente de inmediato y las redes sociales ofrecen herramientas de difusión impensables hace tres décadas.
“Ahora puedes subir tu música a las plataformas, buena o mala, como sea; tienes esa oportunidad. Están las redes, está internet. Es un mundo muy distinto.”
Para Alex, esa transformación terminó por modificar el significado del propio término underground: “Ya no hay underground en ningún sentido.”
Sin embargo, el guitarrista reflexiona y puntualiza que, más que desaparecer, cree que la palabra dejó de describir una escena musical para convertirse en una postura frente a la creación artística:
“Lo único underground hoy es mantenerte fiel, real, en una línea honesta.”
Del flyer a Spotify: cuando el rock cambió de piel
La reflexión de Los Esquizitos no parte de la nostalgia… En ningún momento afirman que antes todo fuera mejor; al contrario, reconocen que las nuevas generaciones cuentan con herramientas que facilitan enormemente el camino para cualquier músico.
Lo que antes exigía años de trabajo, hoy puede lograrse desde una computadora. Eso, dicen, no necesariamente es malo, simplemente significa que el contexto cambió.
Alex, incluso, pone un ejemplo que resume esa transformación. Cuenta que un adolescente de 17 años puede grabar música en su casa, producirla con buena calidad y subirla a Spotify sin depender de una disquera, un estudio profesional o un productor. Eso habría sido prácticamente imposible cuando Los Esquizitos daban sus primeros pasos, por eso insiste en que el verdadero valor ya no está en permanecer oculto, sino en conservar una identidad propia.
Una banda de culto… “Nos lo ganamos a pulso”
Hay otra palabra con la que Los Esquizitos conviven desde hace años: banda de culto. Lejos de incomodarlos, la reciben con orgullo.
Brisa sonríe cuando escucha el calificativo y responde sin rodeos: “Sí, porque yo creo que nos lo ganamos a pulso.”
Los Esquizitos comenzaron a ensayar en 1993 y ofrecieron su primera presentación en 1994. Treinta y dos años después siguen tocando juntos, con la misma alineación, sin separaciones definitivas, sin peleas que terminaran con el proyecto y, sobre todo, sin dejar de hacer música.
“Seguimos siendo la misma alineación, no hemos dejado de tocar nunca. Treinta y dos años después… claro, legendarios, de culto”, destaca Brisa.
Y Alex coincide: más allá de las etiquetas, considera que mantenerse activo durante más de tres décadas sin la estructura de una gran industria ya representa un mérito.
“A ver, súbete treinta y dos años a estas rolas. A ver, toca estas canciones sin tener esa megaestructura de las grandes bandas, con managers, diseñadores y todo un equipo detrás”.
En Los Esquizitos, explica, casi todo ha salido de ellos mismos, desde cargar amplificadores hasta organizar conciertos o impulsar nuevos lanzamientos. Esa independencia, afirma el guitarrista, lejos de ser una limitación, terminó formando parte de su identidad.
La verdadera fórmula para sobrevivir más de tres décadas
La historia del rock está llena de bandas que desaparecieron por diferencias personales… Los Esquizitos eligieron otro camino. Cuando se les pregunta cuál ha sido el secreto para permanecer juntos durante tanto tiempo, Brisa responde que la clave nunca estuvo en el dinero ni en la fama, sino en la amistad.
“Creo que una gran proeza de esta banda es que nunca nos hemos peleado mala onda. Eso es algo digno de celebrarse”, afirma la baterista.
Las diferencias han existido, como ocurre en cualquier grupo humano, pero nunca fueron suficientes para romper el proyecto.
“Nos gusta nuestra banda. Nos gusta tocar lo que tocamos. Nos seguimos divirtiendo y creo que por eso hemos continuado y continuado durante todos estos años”, destaca Brisa.
La baterista reconoce que desde el principio entendieron que el tipo de música que hacían difícilmente sería masiva y el aceptarlo les quitó una enorme presión:
“Supimos desde muy al principio que no era una música masiva y también sabíamos que no íbamos a vivir de este proyecto. Creo que eso libera mucha tensión.”
Alex complementa la idea con una reflexión que resume buena parte de la filosofía de Los Esquizitos. Dice que, aunque los cuatro integrantes son personas muy distintas, arriba del escenario logran convertirse en una sola pieza.
“Somos distintos, pero a la hora de la hora suena y suena chingón el rock. Con que suene chingón lo que tú haces, ya con eso lo tienes.”
Para él también hay algo indispensable: respetar los límites que impone la amistad. “Cuando hay momentos que no te gustan, das un pasito para atrás, pasa el camión y seguimos. Así son las bandas“, afirma.
Más que una fórmula de éxito, ambos describen una manera de entender la música: tocar porque sigue siendo divertido, porque siguen creyendo en las canciones y porque el proyecto continúa teniendo sentido para ellos.
Adaptarse o quedarse atrás
Si algo ha cambiado radicalmente desde que Los Esquizitos comenzaron su trayectoria, es la manera de consumir música.
Ellos crecieron entre casetes, discos compactos y conciertos donde la difusión dependía casi por completo del boca a boca. Hoy, en cambio, reúnen cerca de 47 mil 500 oyentes mensuales en plataformas digitales y una de sus canciones supera los 3 millones de reproducciones, cifras impensables cuando comenzaron a tocar.
Lejos de rechazar la tecnología, Brisa considera que la adaptación ha sido parte natural del camino.
“Imagínate, ¿cuándo ibas a colocar físicamente 47 mil discos o casetes? Claro que nos hemos adaptado.”
La baterista reconoce que no todos los integrantes de la banda viven esa transición de la misma manera, pero considera que aprender a utilizar las nuevas herramientas ha sido fundamental para mantenerse vigentes.
“Es que te tienes que adaptar. Los humanos no sobreviven por ser los más fuertes, sobreviven porque se adaptan. Si no te adaptas, te vas quedando afuera.”
Para Los Esquizitos, las plataformas digitales no sustituyen la experiencia de tocar en vivo, pero sí representan una oportunidad que generaciones anteriores simplemente no tuvieron.
Los pequeños foros siguen siendo el corazón del rock
Aunque hoy los grandes festivales dominan buena parte de la conversación musical, Los Esquizitos creen que la verdadera esencia del rock continúa respirando en espacios mucho más pequeños.
Brisa observa con preocupación que la Ciudad de México atraviesa un momento complicado en cuanto a foros para bandas locales: “Han sido oleadas. De pronto había muchos lugares para tocar, luego cerraban unos y quedaban otros. Ahorita siento que la cosa está medio tristona en cuanto a lugares.”
Recuerda que en los años noventa existía un circuito constante donde las agrupaciones podían presentarse con regularidad. Hoy, dice, la oferta de conciertos internacionales es enorme, pero eso no necesariamente beneficia a la escena local.
“Hay una sobreoferta de espectáculos. Está bien, está mal, no sé. Lo cierto es que no hay bolsillo que alcance.”
Pese a ello, insiste en que las bandas independientes continúan encontrando espacios para desarrollarse: “Las bandas locales siempre hemos estado más o menos en la misma situación.”
Alex coincide y considera que quizá sea momento de volver al formato que dio origen a muchas agrupaciones: “Debemos aprender otra vez a tocar en lugares más íntimos, regresar a las raíces”, considera.
Versus: un contrafestival que apuesta por la escena independiente
Esa idea encuentra eco en Versus: Herencia vs. Insolencia, el encuentro que reunirá el próximo 1 de agosto a proyectos históricos y nuevas propuestas de la música independiente en el Foro Bizarro de la Ciudad de México. El concepto del evento busca confrontar generaciones y demostrar que la creatividad sigue encontrando espacio fuera de los grandes festivales comerciales.
En esta primera edición participarán Psicodencia, The Bela Lugossips, Jessy Bulbo, Las Ratas Suicidas, Vete al Diablo y Los Esquizitos, además de dos sesiones de DJ, bajo la idea de reunir a quienes abrieron camino con quienes hoy construyen nuevas rutas dentro de la escena.
En la entrevista, Brisa destaca el formato del evento: “Es un foro pequeño. Caben alrededor de 350 personas. Es un formato muy chido porque puedes ver a la banda muy de cerca y además el precio es muy accesible.”
Más allá de promocionar una fecha, la baterista también aprovecha para lanzar una invitación más amplia:
“Está padre que la gente vaya a los festivales grandes si puede hacerlo, pero que también apoyen la escena local porque hay muchas bandas muy interesantes y este tipo de lugares es donde siempre ha ocurrido el rock.”
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