Crianza respetuosa vs educación tradicional: por qué debes pensar dos veces antes de castigar a tus hijos

| 16:35 | Redacción Uno TV | UnoTV

La neurocoach Sofía Díaz Pizarro explica en este NeuroTip la diferencia entre castigar a un niño y enseñarle a manejar sus emociones.

La también autora del libro “¿Repetir o Reescribir?” señala que la crianza tradicional suele buscar obediencia mediante el control, mientras que la crianza consciente o respetuosa apuesta por entender lo que ocurre antes de corregir una conducta.

De acuerdo con la especialista, muchos adultos fueron educados bajo un modelo donde el castigo físico o emocional era una herramienta habitual para detener comportamientos considerados incorrectos. La crianza consciente propone cambiar esa lógica, es decir, conectar con el niño, identificar qué provocó su reacción y después enseñarle una forma diferente de expresarse.

¿Cuál es la diferencia entre castigar y enseñar a un niño?

La diferencia está principalmente en el objetivo. Mientras el castigo busca frenar una conducta de manera inmediata, la enseñanza intenta que el niño comprenda qué ocurrió y tenga herramientas para responder de otra manera en situaciones futuras.

Díaz Pizarro explica que detrás de algunos comportamientos puede existir una emoción intensa o una necesidad básica que el menor todavía no consigue identificar.

“Detrás de todo comportamiento hay una emoción que lo empuja, o una necesidad biológica no satisfecha”, plantea la especialista.

Hambre, sueño, cansancio o frustración pueden provocar respuestas que para un adulto parecen desproporcionadas. Sin embargo, los niños todavía están aprendiendo a reconocer lo que sienten.

¿Por qué los niños no siempre pueden explicar lo que sienten?

Una de las claves está en el desarrollo del cerebro, según Sofía la corteza prefrontal participa en procesos relacionados con el control de impulsos, la toma de decisiones y la regulación de las emociones.

Sofía agrega que durante la infancia y adolescencia esta zona continúa desarrollándose.

“Por eso, un menor puede tener dificultades para detenerse, analizar lo que siente y expresarlo con palabras antes de reaccionar”, comenta.

Por ejemplo, un niño molesto puede lanzar un juguete en lugar de decir que no le gustó la manera en que alguien le habló. Un adolescente puede responder con gestos o voltear los ojos cuando algo le dolió emocionalmente.

Desde el enfoque de crianza consciente, estas respuestas no significan que los adultos deban ignorar los límites. El objetivo es ayudar a los menores a identificar la emoción y aprender formas adecuadas de expresarla.

Crianza consciente no significa permitirlo todo

Uno de los puntos que destaca Díaz Pizarro es la diferencia entre crianza respetuosa y permisividad.

Reconocer que un niño está enojado no significa aceptar que golpee, rompa objetos o lastime a otra persona. El adulto puede validar la emoción y, al mismo tiempo, marcar un límite sobre la conducta.

En otras palabras, se puede permitir que un hijo esté frustrado sin permitir cualquier reacción derivada de esa frustración.

El cambio consiste en sustituir únicamente el castigo por acompañamiento, límites y enseñanza.

Díaz Pizarro también plantea que las reacciones de los hijos también pueden activar experiencias emocionales de sus padres.

Cuando una conducta infantil hace que un adulto “salga de sus casillas”, la autora invita a observar no sólo lo que está ocurriendo con el menor, sino también qué está provocando esa respuesta en quien lo cuida.