¿Por qué la Iglesia mexicana rompió el silencio contra el crimen organizado?
El cardenal Pietro Parolin no vino de turista. El número dos del Vaticano aterrizó en México cuatro días después de que el episcopado rompiera un silencio de años.
El 31 de julio, los obispos firmaron un documento que parte del centenario de la guerra cristera y termina en un reclamo directo al poder. Acusan al Estado de permitir que el crimen organizado opere como un gobierno paralelo que secuestra, extorsiona, asesina y seduce a los jóvenes con una falsa idea de poder. Eso no lo firma un académico ni la oposición. Lo firma el pleno de la conferencia del episcopado mexicano.
Por eso Parolin no vino a una visita diplomática sino a respaldar a los obispos. Lo que no dijo en Palacio, lo dijo en la Basílica. Frente al altar, nombró a las madres buscadoras; ninguna autoridad mexicana lo ha hecho con esa fuerza.
La Iglesia movió ficha con Roma detrás. Le recuerda al poder que el país está fracturado.
Punto y aparte, debo decirle que el Papa no vendrá pronto. Y si viene, será en 2031, a celebrar el quinto centenario guadalupano.
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