¿Nervios o ansiedad? Cómo detectar señales de alerta en niños por el regreso a clases
El regreso a clases se encuentra cerca y es normal que niños y adolescentes experimenten nervios, preocupación o ansiedad ante el cambio de rutina. Sin embargo, estas emociones deberían disminuir durante las primeras semanas y no mantenerse o aumentar, explicó Carla Rivadeneyra, psicoterapeuta de niños y adolescentes en entrevista para Uno Noticias.
De acuerdo con la especialista, los primeros días de clases pueden representar un periodo de adaptación tanto para los menores como para sus padres.
No obstante, si después de aproximadamente dos semanas la ansiedad continúa, es importante prestar atención a otros cambios en el comportamiento.
“Durante las primeras dos semanas la ansiedad y la preocupación deberían ir disminuyendo”, señaló Rivadeneyra.
Entre las señales a las que los padres deben estar atentos se encuentran: la resistencia constante a querer ir a la escuela, modificaciones en los patrones de sueño o alimentación y un mayor aislamiento.
“Si vemos que el niño sigue resistiendo querer ir a la escuela, que hay cambios en la manera en la que duerme, en la que come o que está mucho más aislado, ahí es importante que nosotros pongamos atención”, explicó.
La especialista enfatizó que los nervios propios del regreso a clases no deberían aumentar ni mantenerse durante un periodo prolongado.
“Cuando hay indicadores de ansiedad que permanecen por más de dos semanas, merece acercarnos a algún profesional de la salud”, recomendó.
No todos los niños viven igual el regreso a clases
Rivadeneyra destacó que las vacaciones y el regreso a clases no representan lo mismo para todos los menores y que esto no significa que existan niños “más difíciles” que otros.
Por ello, recomendó a los padres tratar de entender qué está viviendo cada hijo y dimensionar el cambio al que se enfrenta.
Una forma de hacerlo, explicó, es imaginar que el regreso a clases equivale a comenzar un nuevo trabajo para un adulto.
“¿Qué necesitaríamos nosotros si vamos a entrar a un nuevo trabajo para estar tranquilos? Poder anticipar, conocer quién es nuestro jefe, cuál va a ser el horario de trabajo, quién va a estar con nosotros”, ejemplificó.
Con los niños ocurre algo similar, mientras más información tengan sobre lo que ocurrirá durante su día, mayor será la sensación de seguridad y control.
Por ello, recomendó que los padres comiencen desde antes a preparar aspectos como el lunch, el uniforme y la mochila, además de ayudar al menor a saber en qué salón estará y, cuando sea posible, quién será su maestro y cuáles serán sus compañeros.
“Si evitamos las prisas y las sorpresas, ese niño se va a sentir mucho más empoderado”, indicó.
Cambiar de grado no representa el mismo reto para todos
La especialista también pidió a los padres tener empatía con el nivel de cambio que representa el regreso a clases para cada menor.
No es lo mismo pasar de primero a segundo de primaria, donde las dinámicas pueden permanecer relativamente similares, que entrar por primera vez al kínder, pasar de primaria a secundaria o cambiar de escuela.
En estos últimos casos, el menor puede enfrentarse a nuevas instalaciones, maestros, compañeros y rutinas. Incluso puede pasar de convivir con uno o dos profesores a tener varios docentes durante el día.
“Vayamos viendo de qué tamaño es el cambio que tiene nuestro hijo y que nosotros como adultos los podamos acompañar y podamos ser empáticos y conscientes”, señaló.
Los padres también influyen en la regulación emocional
Rivadeneyra subrayó que los adultos también deben revisar la manera en que enfrentan el regreso a clases, pues los menores pueden percibir el estrés y las prisas de sus cuidadores.
“Muchas veces, como papás queremos una calma y una tranquilidad que nosotros mismos no tenemos”, comentó.
Las mañanas apresuradas, los gritos, la presión por llegar a tiempo y la falta de preparación pueden dificultar que el niño comience el día con tranquilidad.
La especialista explicó que el cerebro de los niños no se regula emocionalmente por sí solo, sino que esta capacidad se desarrolla a través de la interacción con sus primeros cuidadores, como papás, mamás, abuelos o personas encargadas de su cuidado.
Por ello, una de las claves consiste en que los adultos ayuden a anticipar lo que sucederá y transmitan tranquilidad.
¿Cómo acompañarlos durante los primeros días?
Además de preparar con anticipación los aspectos prácticos del regreso a clases, Rivadeneyra recomendó explicar a los menores cómo será su día y qué pueden esperar.
Sin embargo, también pidió evitar convertir el regreso a clases en un tema constante de interrogatorio.
Preguntar repetidamente “¿cómo te fue?”, aunque tenga una buena intención, puede provocar que el niño interprete que existe algún problema o peligro.
“Evitemos estarlo saturando de preguntas de cómo les fue, cómo les fue, cómo les fue, porque entonces, aunque viene de un lugar bien intencionado, el niño lo que entiende es que está pasando algo grave, algo peligroso, algo malo”, explicó.
La recomendación es acompañar el proceso con empatía, anticipación y calma, entendiendo que cada menor necesitará un tiempo diferente para adaptarse a la nueva rutina.
Así, el objetivo no es evitar por completo los nervios del primer día, sino ayudar a que esas emociones disminuyan conforme el niño conozca y se adapte a su nueva realidad escolar.
Sigue a Uno TV en Google Discover y consulta las noticias al momento.
¿Tienes una denuncia o información que quieras compartir? Escríbenos al WhatsApp de Uno TV: +52 55 8056 9131. Tu mensaje puede hacer la diferencia.



