Diego Luna presenta “Ceniza en la boca” en Morelia y explora el abandono materno y la migración
Su experiencia como actor también influyó en la manera de dirigir.

Diego Luna presentó “Ceniza en la boca”, su más reciente trabajo como director, en el marco de la edición 24 del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), una película que explora las heridas del abandono materno, la migración, la soledad y la necesidad de encontrar una comunidad lejos del lugar de origen.
Inspirada en la novela homónima de la escritora Brenda Navarro, la cinta propone una mirada propia sobre la historia y coloca en el centro a una hija que intenta comprender la ausencia de su madre. Para Luna, aunque el libro ofrece múltiples posibilidades cinematográficas, hubo una pregunta que se convirtió en el eje emocional de su adaptación.
“Para mí, el eje de esta historia, que no es necesariamente el eje del libro, es esta pregunta que una hija se hace: ¿por qué te fuiste, mamá?”, explicó el cineasta durante la presentación de la película en Morelia.
El director destacó la generosidad de Brenda Navarro al permitirles desarrollar una interpretación personal de su obra, sin exigir una adaptación que reprodujera de manera literal sus páginas. Esa libertad hizo posible emprender un viaje creativo en el que buscó preservar la esencia de la novela y, al mismo tiempo, construir una película con identidad propia.
“Cuando empecé a preguntarme si había una película ahí, la respuesta fue: hay muchas películas ahí, en ese libro”, recordó Luna, quien encontró en la experiencia de una hija marcada por la ausencia materna el punto de partida para desarrollar su propuesta.
La construcción de “Ceniza en la boca” también estuvo marcada por el trabajo colectivo y las aportaciones de su elenco, integrado por Adriana Paz, Anna Díaz y Luisa Huertas, quienes compartieron sus experiencias durante el encuentro con la prensa. El director explicó que su intención fue crear un espacio de confianza para que los actores pudieran proponer, cuestionar y descubrir nuevas posibilidades durante el rodaje, incluso cuando estas modificaran las ideas iniciales.
“Yo creo en la comunicación como la gran herramienta para hacer cine y, en particular, para dirigir”, afirmó Luna, quien consideró fundamental que cada integrante del equipo pudiera apropiarse de la historia y aportar a su desarrollo.
Su experiencia como actor también influyó en la manera de dirigir. Consciente de la vulnerabilidad que implica ponerse frente a una cámara, buscó que el elenco tuviera las condiciones necesarias para explorar sus emociones sin sentirse expuesto o juzgado.
“Es muy importante crear el espacio idóneo para que los actores se sientan en toda la confianza y en un espacio seguro para hacer, proponer y sentir”, señaló.
Durante la presentación en Morelia, Adriana Paz y Luisa Huertas destacaron la importancia de la escucha, la comunicación y el respeto durante el rodaje. Ambas coincidieron en que la sensibilidad de Luna para comprender las necesidades de los intérpretes contribuyó a generar un ambiente de confianza, en el que fue posible construir relaciones auténticas entre los personajes.
Por su parte, Anna Díaz compartió su experiencia de trabajar bajo la dirección de Luna y destacó el vínculo que desarrolló con sus compañeros, particularmente con quienes conforman la familia de su personaje dentro de la historia. La convivencia detrás de cámaras fortaleció una relación que, aseguró, trascendió el rodaje.
Luna también contó que buscó a una actriz con la que pudiera descubrir el personaje de Lucila desde cero y que, para encontrarla, realizaron pruebas a más de 200 actrices. El encuentro entre las intérpretes que darían vida a los personajes centrales terminó por convencerlo de que había encontrado la conexión emocional que necesitaba la historia.
Más allá del drama familiar, “Ceniza en la boca” aborda la experiencia migratoria como una vivencia atravesada por el desarraigo y la dificultad de sentirse parte de un lugar. La película plantea que, frente a la soledad, construir comunidad puede convertirse en una forma de encontrar refugio, comprensión y pertenencia.
Con su presentación en el Festival Internacional de Cine de Morelia, Diego Luna compartió una obra que parte de una historia íntima para hablar de heridas personales y realidades colectivas, y que encuentra en los vínculos humanos una posibilidad para enfrentar la ausencia y reconstruir los afectos.
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