¿Por qué Lula llega debilitado a la segunda vuelta en Brasil?
El 25 de octubre, Lula da Silva buscará el respaldo de los votantes que no lo apoyaron inicialmente.
Lula da Silva perdió la primera vuelta antes de que abrieran las urnas: se creyó ganador. Las encuestas lo ponían al frente y él hizo campaña mirando por encima del hombro a Flávio Bolsonaro; pero el electorado lo bajó del pedestal. Un presidente sorprendido por su propio país llega a la segunda vuelta con media derrota a cuestas.
El bolsonarismo se adueñó del mapa: arrasó en San Pablo, avanzó en el Congreso y en los estados. El 25 de octubre Lula tendrá que conquistar a quienes ya le dijeron que no. Pesaron el voto evangélico, el desgaste de doce años de gobierno, la brecha generacional de los 80 años frente a los 45 y la ola impulsada por Donald Trump. El electorado dejó de agradecer y comenzó a cobrar cuentas.
Lula no fue castigado por ser de izquierda, sino por poner su poder en manos de las urnas. Esa es la prueba de fuego de la democracia: que el gobernante pueda perder.
Si Lula cae, Claudia Sheinbaum quedará como la última voz fuerte de la izquierda latinoamericana; no porque haya vencido, sino porque en México la oposición es inexistente y no tiene contrapesos. En cambio, para Lula, la segunda vuelta ya no es una elección más: es la última frontera.
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