Regañar o castigar a los niños: ¿qué consecuencias puede tener?
Sofía Díaz Pizarro, experta en educación consciente y autora de ¿Repetir o Reescribir?, advierte que regañar o castigar a un niño puede lograr que guarde silencio y obedezca de inmediato, pero no significa que haya aprendido de su error. En su NeuroTip de esta semana, la especialista explica que levantar la voz puede frenar una conducta en el momento, pero no ayuda al menor a comprender qué hizo mal ni cómo actuar mejor.
Para la especialista, los regaños y castigos son estrategias de control que generan respuestas inmediatas, pero no desarrollan las habilidades que los niños necesitan. Olvidar una tarea, hacer un berrinche en el supermercado o tener dificultades para manejar sus emociones son situaciones que requieren orientación y enseñanza, no solo una sanción.
¿Regañar y castigar sirven para que un niño aprenda?
La Academia Estadounidense de Pediatría plantea que las estrategias de disciplina con gritos y humillación son mínimamente efectivas a corto plazo y no son efectivas a largo plazo. Por ello, recomienda orientar a las familias hacia estrategias que enseñan el comportamiento esperado.
Pizarro explica que los regaños y castigos pueden provocar dos reacciones en los niños: que dejen de intentarlo por miedo a equivocarse o que aprendan a ocultar sus errores para evitar consecuencias. Con el tiempo, este comportamiento puede mantenerse en la vida adulta y llevarlos a evitar nuevos retos, guardar silencio o permanecer en su zona de confort por temor a fracasar.
Un estudio de las investigadoras Kyla Haimovitz y Carol S. Dweck, de la Universidad de Stanford, publicado en 2016, encontró que la forma en que los padres reaccionan ante los errores influye en cómo sus hijos perciben su propia inteligencia.
“Los padres que ven el fracaso como algo perjudicial se centran en el desempeño y las capacidades de sus hijos, en lugar de enfocarse en su aprendizaje”.

¿Qué hacer en lugar de regañar o castigar?
En su NeuroTip de esta semana, Sofía Díaz Pizarro propone dos pasos para ayudar a los niños a aprender de sus errores sin recurrir a regaños o castigos.
El primero consiste en que el adulto respire y controle sus emociones antes de reaccionar, pues para enseñar a un niño a mantener la calma, primero debe hacerlo quien lo educa.
El segundo paso es cambiar el regaño por una conversación, la especialista recomienda utilizar una frase sencilla: “Te equivocaste, y está bien. A ver, ¿cómo le hacemos para que la próxima salga distinto?”. De esta manera, se busca que el menor encuentre soluciones y aprenda de lo ocurrido, en lugar de actuar por miedo al castigo.
Si el niño es pequeño, el adulto puede guiarlo para encontrar una solución práctica. Por ejemplo, si suele olvidar su mochila antes de ir a la escuela, pueden colocarla juntos junto a la puerta desde la noche anterior. Así, en lugar de recibir un regaño, el menor aprende una estrategia sencilla para recordar sus cosas y evitar que el error se repita.
Esta propuesta forma parte del ABC de las emociones, una herramienta que Sofía Díaz Pizarro asegura puede ayudar a madres y padres a comprender las conductas de sus hijos antes de corregirlas.
El método consiste en tres pasos: identificar qué ocurrió sin juzgar, entender por qué reaccionó así el niño y enseñarle la habilidad que necesita para manejar mejor una situación similar.
La especialista aclara que educar sin regaños ni castigos no significa permitir que los niños hagan lo que quieran. Establecer límites sigue siendo fundamental, pero la diferencia está en explicarles por qué una conducta no es adecuada y mostrarles cómo pueden actuar de otra manera.
No te pierdas el siguiente lunes otro NeuroTip con Sofía Díaz Pizarro
Si en algún momento ya se gritó, ¿qué sigue? La próxima semana, el NeuroTip responderá una duda frecuente entre padres: ¿pedirle perdón a un hijo quita autoridad?
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