NeuroTips con Sofía Díaz Pizarro: ¿Le gritaste a tu hijo y fingiste que no pasó nada? Esto debes hacer
Gritarle a un hijo y después actuar como si nada hubiera pasado puede afectar la forma en que vive y entiende sus emociones. Aunque los padres también tienen días difíciles y pueden perder la paciencia, reconocer los errores y pedir perdón es una parte importante de la crianza.
En NeuroTips, Sofía Díaz Pizarro explica que los hijos no necesitan padres que siempre tengan la razón, sino adultos capaces de cuestionarse, aceptar cuando se equivocan y hacerse responsables de sus acciones.
La especialista plantea una situación común: después de una mañana complicada, en la que hubo problemas en el trabajo o en el tráfico, un padre o una madre termina gritándole a su hijo por algo que quizá parecía mínimo.
El niño se queda callado y, aunque el adulto puede sentirse mal durante el resto del día, muchas veces prefiere fingir que no ocurrió nada. Sin embargo, los niños sí se dan cuenta de lo que pasó.
Pedir perdón a los hijos también es parte de la crianza
De acuerdo con Sofía Díaz Pizarro, cuando los padres reconocen un error y buscan repararlo, enseñan a sus hijos que equivocarse es algo natural y que los problemas pueden solucionarse.
La especialista recuerda que el cerebro aprende del error, por lo que cuando un adulto se equivoca y repara el daño, también le muestra al niño que cometer una equivocación no significa que todo esté perdido.
Incluso los vínculos más sanos pueden tener momentos de tensión. Lo que ayuda a fortalecerlos es la capacidad de reparar lo ocurrido.
Por eso, pedirle perdón a un hijo no significa perder autoridad. Al contrario, puede convertirse en una oportunidad para enseñarle que su valor como persona no depende de sus errores ni de sus aciertos.
¿Cómo pedirle perdón a un hijo?
La recomendación de Sofía Díaz Pizarro es hacerlo de manera sencilla y honesta, sin justificar el comportamiento ni recurrir a frases que minimicen lo sucedido.
Un ejemplo puede ser:
“Me equivoqué, te grité y no estuvo bien. Lo siento. La próxima vez voy a trabajar en regularme”.
La clave está en evitar los peros y las justificaciones. Reconocer lo que hicimos permite que los niños comprendan que los adultos también se equivocan, pero que tienen la responsabilidad de hacerse cargo.
La especialista también señala que, si una persona creció en un entorno donde sus padres nunca le pidieron perdón, puede resultarle difícil hacerlo con sus propios hijos. Sin embargo, eso no significa que tenga que repetir esos patrones.
Es posible cambiar la historia y construir otras formas de relacionarse.
Como recuerda Sofía Díaz Pizarro, de eso trata su libro Repetir o reescribir: reconocer aquello que aprendimos y decidir qué queremos transformar.
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