Netanyahu podría seguir gobernando en Israel pese a perder la mayoría parlamentaria
Con casi 86% de los votos escrutados, el bloque de Netanyahu proyecta 53 escaños frente a 48 de la oposición.

Benjamín Netanyahu podría seguir gobernando Israel, a pesar de perder escaños en la Knesset, el Parlamento israelí. Tras recibir un apoyo inesperado del electorado judío, dejó a sus oponentes con pocas perspectivas de desbancarlo, al menos como primer ministro.
Este miércoles, con casi el 86% de los votos escrutados, las principales cadenas de televisión israelíes pronosticaron que el bloque de Netanyahu, formado por partidos de derecha, extrema derecha y ultraortodoxos, obtendría 53 escaños en la Knesset, de 120 puestos, por delante de los 48 del bloque opositor de su rival, Gadi Eisenkot, lo que garantiza su permanencia al frente de Israel.
Netanyahu podría seguir como primer ministro en funciones
Aunque su bloque no alcanzaría la mayoría parlamentaria, Netanyahu podría permanecer al frente del Gobierno durante las negociaciones para formar una coalición y, posiblemente, hasta que se celebren nuevas elecciones en 2027.
Los resultados todavía podrían cambiar mientras continúa el recuento. Se preveía que los partidos que representan a los árabes israelíes obtuvieran 19 escaños, una cifra sin precedentes. Sin embargo, el respaldo de estas fuerzas sería necesario para que Eisenkot tuviera posibilidades de llegar al poder, una alianza que muchos líderes políticos judíos rechazan.
El fragmentado sistema político israelí otorga un papel decisivo a los partidos pequeños en las negociaciones para formar gobierno, un proceso que puede prolongarse durante semanas o meses. Si ningún bloque reúne los apoyos necesarios, podrían convocarse nuevas elecciones.
Netanyahu plantea una alianza con Trump frente a Irán
Tras conocerse las proyecciones electorales, Netanyahu defendió la formación de un “gobierno nacional fuerte y de derecha” y destacó los éxitos militares de Israel.
También planteó la posibilidad de una nueva acción conjunta con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra Irán.
“Israel se enfrenta a una oportunidad histórica única, junto con nuestro socio, el presidente Trump, para eliminar de una vez por todas la amenaza existencial que supone Irán”, afirmó durante un discurso en la sede electoral del Likud, en Jerusalén.
Aunque un Gobierno en funciones conserva formalmente las competencias de una administración ordinaria, tiene un deber de moderación y menos margen de maniobra en algunos ámbitos, explicó Guy Lurie, investigador del Instituto para la Democracia de Israel.
Gadi Eisenkot cuestiona la legitimidad de Netanyahu
Por su parte, Eisenkot advirtió al primer ministro que no utilizara la seguridad de Israel con fines políticos.
“Netanyahu es un primer ministro en funciones, sin mandato ni la confianza del pueblo”, señaló, al instar a las fuerzas de seguridad a mantenerse firmes frente a cualquier intento de anteponer intereses políticos a la seguridad nacional.
La participación electoral alcanzó el 77.7%, según la Comisión Electoral Central de Israel, la cifra más alta en más de dos décadas y alrededor de siete puntos porcentuales por encima de la registrada en 2022.
En la sede de la Lista Conjunta, una alianza de partidos árabes, los candidatos celebraron los resultados de las encuestas a pie de urna y esperaban que la elevada participación árabe les permitiera influir en la formación del próximo Gobierno.
“Rechazamos la ocupación y el racismo, y nos quedaremos aquí”, afirmó Faten Gattas, candidata de la alianza, durante un discurso en Nazaret.
Netanyahu enfrenta críticas por la seguridad
Las elecciones estuvieron marcadas por las consecuencias del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, en el que murieron mil 200 personas y 251 fueron tomadas como rehenes, así como por las guerras posteriores en Gaza, contra Hezbolá en Líbano y frente a Irán.
Netanyahu recibió críticas por los fallos de seguridad que permitieron el ataque, pero defendió su gestión al afirmar que Israel y el mundo eran más seguros tras la eliminación de dirigentes de Hamás, Hezbolá e Irán.
El primer ministro, de 77 años, ha ocupado el cargo durante casi 19 de los últimos 30 años. Sus adversarios solo consiguieron apartarlo del poder una vez desde 2009; dieciocho meses después, regresó al Gobierno.
Además, enfrenta acusaciones de corrupción de larga data, que niega, y cuestionamientos por las fallas de inteligencia previas al ataque encabezado por Hamás.
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