Clayface: ¿el terror que necesita DC o una película que estamos inflando? Checa nuestra reseña
“Clayface” se mueve por un terreno donde la apariencia deja de ser algo superficial y se convierte en una necesidad capaz de consumir a quien intenta recuperarla.

“Clayface” llega a los cines no sólo como una apuesta de DC por el terror, sino también como una cinta que ha polarizado la crítica en sitios como Rotten Tomatoes, pues, mientras algunos consideran que renueva el género de superhéroes, otros la califican como una película “que se va por la alcantarilla”. En Unotv.com ya vimos la tercera entrega del universo cinematográfico de James Gunn, copresidente de DC Studios, y te contamos qué nos pareció esta historia sobre uno de los villanos de Batman.
La película, dirigida por James Watkins (“The Woman in Black”), con Tom Rhys Harries como protagonista, apuesta por el horror corporal y la tragedia de un hombre que pierde su cordura mientras, literalmente, intenta recuperar su rostro.
Lo bueno de Clayface: el horror de perder la humanidad
- Antes de empezar, hay que aclarar algo,no estamos ante la mejor película de DC, ni una que sea superior a “Joker” (2019); sin embargo, sí es una propuesta interesante, arriesgada y, sobre todo, mejor de lo que esperaba tras el fracaso taquillero de “Supergirl”.
La historia sigue a Matt Hagen, un actor nacido de Gotham City que se proyecta como una de las jóvenes promesas de Hollywood, hasta que un brutal ataque, perpetrado por un jefe criminal, lo deja horriblemente desfigurado.
Desesperado por recuperar su apariencia y su carrera, termina sometiéndose a un tratamiento experimental que, lejos de devolverle la vida que conocía, lo transforma progresivamente en una masa monstruosa.
Sin embargo, “Clayface” va más allá de la metamorfosis de su protagonista en un monstruo, pues su verdadero interés radica en explorar cómo un individuo puede perder progresivamente su humanidad, mientras el dolor, la angustia y la desesperación lo consumen hasta cambiar no sólo su apariencia, sino también su identidad.
Es en este punto donde la película encuentra su mayor fortaleza, ya que nos entrega una historia de terror sumergida en una tragedia, no busca construir una aventura de superhéroes convencional, ni presentarnos un villano redimido, sino una verdadera cinta de horror con el género de superhéroes como base.

Detrás de esta apuesta está el trabajo de James Watkins, director que, aunque no se ha convertido en una figura de culto del terror, conoce bien el género gracias a películas como “No hables con extraños”.
También participó en “El descenso 2” como guionista y director, su trabajo aquí encuentra un aliado interesante en Mike Flanagan, responsable del guion junto con Hossein Amini, cuya trayectoria incluye “La maldición de Hill House”, “Misa de medianoche”, “Doctor Sueño”, “Carrie”, “La caída de la casa Usher”, entre muchas otras.
De hecho, Flanagan es uno de los responsables de estos títulos que serán clásicos inmediatos, además de que se basa en historias de autores conocidos o hace remakes actualizados de clásicos del horror, como la serie de “Carrie”, sin duda Mike es una de las sorpresas más atractivas del proyecto, por su experiencia construyendo historias donde el horror nace tanto de los personajes como de aquello que los consume.
Tampoco dejamos del lado la contribución de Matt Reeves, productor de la cinta junto con James Gunn y Peter Safran, a quien recordamos por dirigir “The Batman” y trabajar en la continuación de esa historia.
Sobre la actuación del protagonista, Rhys Harries aporta carisma y distintas capas a Matt Hagen, consiguiendo que su transformación se sienta como una tragedia personal. A diferencia de otras producciones que terminan convirtiendo a sus villanos en antihéroes simpáticos, aquí vemos a alguien oscuro, visceral y sin concesiones.
Hagen no da miedo simplemente por convertirse en un villano, genera miedo porque representa algo que puede existir dentro de cualquiera cuando las obsesiones y el resentimiento terminan por consumirlo; ahí está lo verdaderamente humano de la trama.
Y hay algo más que merece reconocimiento, pues pese a las capas de maquillaje y el CGI, Rhys Harries consigue mantener una interpretación extremadamente expresiva. Tanto su mirada, como su respiración y voz fungen como una herramienta para construir a un personaje perturbador.
El body horror, la cereza del pastel en la historia del villano

Para entender lo que propone “Clayface”, vale la pena hablar de un subgénero que ha encontrado una nueva audiencia en los últimos años como lo es el body horror o terror corporal, a diferencia del cine de monstruos tradicional, aquí el miedo no depende únicamente de una criatura que amenaza al protagonista. El horror surge cuando el propio cuerpo se convierte en algo desconocido, cuando pierde su forma, deja de obedecer o se transforma hasta borrar los límites entre lo humano y lo monstruoso.
En ese sentido, la película dialoga con una tradición que va desde “La mosca”, de David Cronenberg, hasta propuestas más recientes como “La sustancia”. En la primera, la transformación física acompaña la pérdida progresiva de identidad de su protagonista; en la segunda, el deseo de recuperar una versión idealizada de uno mismo termina convirtiéndose en una pesadilla.
“Clayface” se mueve por un terreno parecido, la apariencia deja de ser algo superficial y se convierte en una necesidad capaz de consumir a quien intenta recuperarla.
Aquí también importa cómo se construye el horror desde lo visual, el maquillaje, las texturas, la deformación de los rasgos y la manera en que la cámara observa un cuerpo que deja de parecer familiar son recursos que pueden provocar algo más que asco o repulsión, generan incomodidad porque nos recuerdan que nuestra identidad también está ligada a nuestra imagen.
Por eso, el conflicto de “Clayface” tiene potencial para ir más allá de una historia de origen de un villano de Batman, el terror corporal permite hablar de la obsesión, la vanidad y el miedo a perder lo que creemos que nos define; la pregunta deja de ser cómo luce el monstruo y pasa a ser cuánto está dispuesto a sacrificar Matt Hagen para volver a reconocerse.
Y esa es una de las ideas más inquietantes del género, el monstruo no aparece necesariamente cuando el cuerpo cambia, sino cuando la necesidad de recuperarlo termina consumiendo todo lo demás.
El presupuesto y una Gotham desaprovechada hacen que “Clayface” se vaya por la alcantarilla

Aunque la película encuentra buena parte de su identidad en el terror, no todos sus apartados técnicos consiguen estar a la altura de su propuesta.
En lo visual, cuando el CGI toma el protagonismo, también se hacen evidentes las limitaciones de la producción que tuvo que ingeniárselas con un presupuesto de menos de 40 millones, según Variety. A diferencia de otras películas del género “Cara de barro” no siempre consigue que sus efectos digitales mantengan la misma fuerza que sus secuencias realizadas con recursos prácticos.
Esto no significa que todos sus efectos sean malos, pero sí que existe una diferencia perceptible entre las escenas en las que el horror se siente cercano y aquellas en las que la tecnología termina restándole impacto.
Sin embargo, este no es el punto más débil, sino la escenografía y la construcción de Gotham; pues la ciudad se siente bastante insípida y, por momentos, carece de una identidad visual que la haga reconocible. Esto resulta especialmente desafortunado, pues la película representaba una oportunidad para explorar el entorno en el que opera Batman, quien, de acuerdo con Peter Safran, codirector ejecutivo de DC Studios, ya se encuentra activo como vigilante de Gotham cuando transcurren los acontecimientos de la historia de Matt Hagen.
Gotham no es solamente el escenario donde ocurren las historias de Batman, es prácticamente otro personaje, uno cuya atmósfera puede reforzar la desesperación y la oscuridad de quienes la habitan.
¿Vale la pena ver Clayface?

Es posible que varias personas quieran encontrar en “Clayface” un sucesor de “Joker”, cinta que causó sensación en los cines debido a su historia; y si bien, “Clayface” comparte ciertas visiones con esta (particularmente la intención de construir una historia sobre la transformación de un hombre marcado por el sufrimiento y el rechazo); “Clayface” no es el sustituto del “Joker”.
Pues esta cinta tiene una identidad propia y apuesta por un género diferente, el terror; vista desde esa perspectiva, “Clayface” vale la pena porque demuestra que una historia de superhéroes también puede funcionar como una pesadilla sobre la identidad, la obsesión y el precio de intentar recuperar aquello que creemos haber perdido.
¿”Clayface” tiene escena postcréditos? Spoiler si así lo consideras
No, aunque se rumoraba y se especulaba en redes sociales sobre alguna escena con referencias a villanos como Poison Ivy o Bane, la cinta no cuenta con un postcréditos que brinde más información sobre el siguiente paso del universo del “Caballero de la Noche”.
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